Las mañanas, Veretne y Yo.

Bajo las sombras de mis sábanas, mis pupilas tocan tu silueta, sentada tú, echado yo. Y desde aquí tu hálito provocador aún permanecen en su danza ondulada enrojeciendo mis mejillas, mi amor… Bajas con delicadeza el camisón que cubre tu esencia visible y yo… preso de mi cesantía, de interrumpir tan gloriosa escena, entiendo a mis ojos que no quieren ni parpadear, y en mi silencio te amo, y en mi silencio te toco, y en mi silencio revivo. ¡OH! Mi amor sabes que te estoy contemplando, y sabes también que no debes de girar a mirarme, porque si ahora te amo de espaldas, ¡imagínate tú si has de voltear...!

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