-Podría irme en este preciso instante, ¿Qué harás? ¿Detenerme?
Más allá los mozos elegantemente vestidos proseguían con su rutina normal. Unas melodías de piano quedaban suspendidas en el ambiente cálido de La Suite de Verone. Era sábado, no quedaba una sola mesa vacía o por reservar.
-¿Crees que puedas hacerlo? ¿Realmente lo crees?-respondió Susan tratando de llevar el control de la situación.
-No me subestimes por favor, no me obligues...
-¿Crees que te obligo a permanecer aquí?- Exclamó Susan llamando la atención de los comensales de la mesa de al lado, dio cuenta de ello y bajando la voz prosiguió- ¿Crees sinceramente que te presiono? Ve, anda por ahí dudando de ti, sé cobarde y normal. Déjame aquí con la mesa servida, te miraré con desprecio si alguna vez te encuentro caminando con la cabeza gacha. Porque si ahora te vas quiero que tengas plena seguridad de ello y creas en lo que haces, ¿Entiendes eso?
-Sí, lo he pensado mucho, por eso acepte venir aquí, valoro todo esto de la cena, pero tenía que decírtelo, lamento si con todo esto te decepcioné.
-No sabes lo que es decepción
-Lo lamento... no he vivido tanto como tú.
No he vivido tanto como tú... Susan hubiera preferido no escuchar eso, como un eco guiado certeramente a sus fibras mas sensibles, ella intuía las consecuencias de involucrarse con alguien diez años menor que ella, Es muy joven pensó el día que se conocieron, pero dejó seducirse por esa imagen seductora y jovial, esa invitación a saborear lo prohibido, y más que eso incitar al peligro, cada vez que creía tomar el control de la relación aparecía la sonrisa despreocupada, traviesa, rebelde de quien explora la vida y desborda entusiasmo, alguien que quién al llegar a su oficina arrojara los papeles ordenados de su escritorio y se burle de sus anteojos de carey y cabello recogido, alguien que haya danzado en la línea que limita lo decente y sin remordimiento dibuje corazones en el papel de una vida cuadriculada.
-Deja de hablarme con lástima, o terminaré por odiarte.
-Eres una gran persona Susan yo…
-No des explicaciones por amor a Dios, sólo vete.
Resonó la voz de Susan, en esa mesa de ese restaurante, ella misma se oyó, miró el vacío y trato de no pensar, encendió un cigarrillo apresuradamente. Un mozo de bigotes se le acercó al instante.
-Esta prohibido fumar aquí señorita, tenemos una zona especial para fumadores.
-¡Fantástico!- ironizó y lanzó su cigarrillo a su copa de vino.- Igual, ya me iba-.
El mozo se retiró aturdido.
-No quiero dejarte así Susan, entiende.
-¿Quieres dejarme una carta de despedida o qué?
-Nunca has pensado en ti.
-¿A qué rayos te refieres?
-Siempre estuviste pendiente de mí, en todo el sentido de la palabra.
-¿Qué te hace pensar eso?
-Todo, Susan, todo, todos los días. Fíjate ahora, bien sabes que detesto el humo del cigarrillo y pides una mesa para mí, cuando tú mueres por fumar.
-¿Y si eso te molestó por qué rayos nunca me lo dijiste ah? ¿Estuvo mal en demostrar cuánto te quería?
-Al principio te confieso que me gustaba.
-¿Solo quisiste experimentar conmigo no?
Sonó irónico, en el trabajo de Susan era un secreto a voces la relación que sostenía, algunas voces escandalizadas criticaban a una Susan manipuladora, práctica y hasta insensible. Cómo puede estar con alguien así. Seguro por el dinero por el dinero pues hija. Ay que horror, las cosas que se ven hoy en día. Si pues ¡es casi una criatura!.
-Fue lindo mientras duró, la pasé muy bien… podemos volver a vernos, sabes dónde encontrarme. ¿no?
-No, no lo sé. Estarás aquí, luego allá, Solo quise que estuvieras conmigo, ¿entiendes?
-Quizá por eso me voy.
-Nunca me amaste, ¿no?
-Quise hacerlo, quería conocerte más. y sobre todo conocerme así. pero nunca me encontré Susan, tengo el alma curiosa, tú lo sabías desde un principio. ¿no?
Tenía razón, Susan se sintió tonta al notarse estúpidamente sensible, al verse involucrada tanto.
-Lo sé, vete, vete ya por favor ¿si?
Clarissa tomo su cartera, se acomodó el cabello, se acercó a Susan y le susurró:
-Cuídate muchote ¿si? Porfa...
Y con esa última frase se marchó. Pensó en sí misma, ya había llegado muy lejos con todo esto a lo que llamaba travesura juvenil. Susan por su parte permanecía observando el vacío, su vacío, y sin inmutarse dejó caer unas lagrimas secándolas rápidamente tratando de mantener su orgullo. Maldijo la mesa elegantemente servida, maldijo la silla vacía que dejo Clarissa, la maldijo a ella…pero por sobre todo se maldijo a sí. Tomó una bocanada de aire, sintió un nudo en la garganta y concluyó en la idea de aquella niña sólo le había demostrado en cuán sola se encontraba. Mientras el mozo del bigote tarareaba una canción al traer la cuenta.
Más allá los mozos elegantemente vestidos proseguían con su rutina normal. Unas melodías de piano quedaban suspendidas en el ambiente cálido de La Suite de Verone. Era sábado, no quedaba una sola mesa vacía o por reservar.
-¿Crees que puedas hacerlo? ¿Realmente lo crees?-respondió Susan tratando de llevar el control de la situación.
-No me subestimes por favor, no me obligues...
-¿Crees que te obligo a permanecer aquí?- Exclamó Susan llamando la atención de los comensales de la mesa de al lado, dio cuenta de ello y bajando la voz prosiguió- ¿Crees sinceramente que te presiono? Ve, anda por ahí dudando de ti, sé cobarde y normal. Déjame aquí con la mesa servida, te miraré con desprecio si alguna vez te encuentro caminando con la cabeza gacha. Porque si ahora te vas quiero que tengas plena seguridad de ello y creas en lo que haces, ¿Entiendes eso?
-Sí, lo he pensado mucho, por eso acepte venir aquí, valoro todo esto de la cena, pero tenía que decírtelo, lamento si con todo esto te decepcioné.
-No sabes lo que es decepción
-Lo lamento... no he vivido tanto como tú.
No he vivido tanto como tú... Susan hubiera preferido no escuchar eso, como un eco guiado certeramente a sus fibras mas sensibles, ella intuía las consecuencias de involucrarse con alguien diez años menor que ella, Es muy joven pensó el día que se conocieron, pero dejó seducirse por esa imagen seductora y jovial, esa invitación a saborear lo prohibido, y más que eso incitar al peligro, cada vez que creía tomar el control de la relación aparecía la sonrisa despreocupada, traviesa, rebelde de quien explora la vida y desborda entusiasmo, alguien que quién al llegar a su oficina arrojara los papeles ordenados de su escritorio y se burle de sus anteojos de carey y cabello recogido, alguien que haya danzado en la línea que limita lo decente y sin remordimiento dibuje corazones en el papel de una vida cuadriculada.
-Deja de hablarme con lástima, o terminaré por odiarte.
-Eres una gran persona Susan yo…
-No des explicaciones por amor a Dios, sólo vete.
Resonó la voz de Susan, en esa mesa de ese restaurante, ella misma se oyó, miró el vacío y trato de no pensar, encendió un cigarrillo apresuradamente. Un mozo de bigotes se le acercó al instante.
-Esta prohibido fumar aquí señorita, tenemos una zona especial para fumadores.
-¡Fantástico!- ironizó y lanzó su cigarrillo a su copa de vino.- Igual, ya me iba-.
El mozo se retiró aturdido.
-No quiero dejarte así Susan, entiende.
-¿Quieres dejarme una carta de despedida o qué?
-Nunca has pensado en ti.
-¿A qué rayos te refieres?
-Siempre estuviste pendiente de mí, en todo el sentido de la palabra.
-¿Qué te hace pensar eso?
-Todo, Susan, todo, todos los días. Fíjate ahora, bien sabes que detesto el humo del cigarrillo y pides una mesa para mí, cuando tú mueres por fumar.
-¿Y si eso te molestó por qué rayos nunca me lo dijiste ah? ¿Estuvo mal en demostrar cuánto te quería?
-Al principio te confieso que me gustaba.
-¿Solo quisiste experimentar conmigo no?
Sonó irónico, en el trabajo de Susan era un secreto a voces la relación que sostenía, algunas voces escandalizadas criticaban a una Susan manipuladora, práctica y hasta insensible. Cómo puede estar con alguien así. Seguro por el dinero por el dinero pues hija. Ay que horror, las cosas que se ven hoy en día. Si pues ¡es casi una criatura!.
-Fue lindo mientras duró, la pasé muy bien… podemos volver a vernos, sabes dónde encontrarme. ¿no?
-No, no lo sé. Estarás aquí, luego allá, Solo quise que estuvieras conmigo, ¿entiendes?
-Quizá por eso me voy.
-Nunca me amaste, ¿no?
-Quise hacerlo, quería conocerte más. y sobre todo conocerme así. pero nunca me encontré Susan, tengo el alma curiosa, tú lo sabías desde un principio. ¿no?
Tenía razón, Susan se sintió tonta al notarse estúpidamente sensible, al verse involucrada tanto.
-Lo sé, vete, vete ya por favor ¿si?
Clarissa tomo su cartera, se acomodó el cabello, se acercó a Susan y le susurró:
-Cuídate muchote ¿si? Porfa...
Y con esa última frase se marchó. Pensó en sí misma, ya había llegado muy lejos con todo esto a lo que llamaba travesura juvenil. Susan por su parte permanecía observando el vacío, su vacío, y sin inmutarse dejó caer unas lagrimas secándolas rápidamente tratando de mantener su orgullo. Maldijo la mesa elegantemente servida, maldijo la silla vacía que dejo Clarissa, la maldijo a ella…pero por sobre todo se maldijo a sí. Tomó una bocanada de aire, sintió un nudo en la garganta y concluyó en la idea de aquella niña sólo le había demostrado en cuán sola se encontraba. Mientras el mozo del bigote tarareaba una canción al traer la cuenta.
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