Hospicios (Inspirado en un disco del F)

La musica llegaba susurrando sus oídos, todos en fila escuchaban esa mañana el radio de Doña Carmela, la barrendera incesante de aquel hospicio mientras cantaba aquella vieja canción norteña como un eco de quimeras y lamentos encerrados entre las ventanas que vislumbraban los primeros rayos del sol. Todos en fila, cama tras cama, uno tras otro despertaban preguntándose si era un día más o una noche más, de vidas sin tiempos, porque la imaginación no conoce de plazos vencidos, ni ayeres que sobrevengan en penas, aquí no existen calles, sólo pasadizos y medicamentos para la locura, no existen mañanas, sólo un hoy que es hoy todos los días. Los cuerdos preparan las inyecciones para viciosos soñadores incansables. Aquí no existen plazas ni avenidas, sólo un parquecito y algunas bancas que marcan el camino incesante…vueltas y vueltas como la tierra misma a un eje que Don Sebastián “El Feliz” cree haber encontrado.-Allí está el centro de la tierra; Este es mi mundo y esta es mi vida, mis calles son habitadas por mis sueños compartidos con mis hermanos que, conmigo, emprenden vuelo en este viaje sin retorno, Vengan aquí, este es el centro, aquí está el eje, de la tierra, de mi tierra, de mi mundo, de sus mundos, de mis sueños, lo demás a la mierda!-.
Y brillaba, la sonrisa de Don Sebastián “El Feliz” brillaba en aquel sanatorio, escarcha cuajada de un sombrío jardín, como fulgor en canto de un río seco, era su sonrisa y él.

Unas carcajadas s
e oyen en los pasillos, "La Señorita" Andrea se pasea dirigiendo la vista entre los vidrios que dejaba traslucir algunas ramas de un árbol que tiene tantos dueños como internos. –Quiero trepar ese, mi árbol, pararme en la copa impulsarme y volar de aquí, y regresar con mi vida a cuestas, esa realidad que dejé tras estas paredes, allá donde existen los llantos trastocados, las mañanas en familia, muertos con la soledad que sobrevino aquella vez, quiero volver con ellos y regresar aquí, presentarlos al celador, y pasearme con ellos, y darles la bienvenida a este mundo, donde la locura es la felicidad, donde me permito soñar con esta realidad que no es real, pero es mía, y con eso me basta.- Pensaba, y pensaba tanto que empujaba su cabeza de lado a lado toda la tarde, todas las tardes.

-Su familia murió en un accidente, tenía dos hermanas y un novio, todos murieron, menos ella.- decía la asistenta social a una enfermera que le preparaba sus medicamentos..

El ritmo de unos quejidos se oyen tras el vestidor, una dosis más, y ya habrá calma, los cuerdos lo saben, cuando la desesperación invade a los locos es mejor sedarlos. Y esta vez es turno de Santiago, "el huérfano".

-Un impulso me lleva hacia ti, Nosocomio que me recibes con tus cantos enviciantes, Oh madre mía dime el camino que me lleve a ti, desde que te deje de ver, he perdido la vida y la cordura, más por conversar contigo a diario, con voz fuerte y decidida, convencido yo de que estás aquí conmigo, habitando en este corazón, por hablarte aquí, me dicen loco, loco soy por tenerte aquí dentro, como sangre que corre por mis venas, oyendo aún tus recriminaciones cuando tenía una mala nota en colegio, porque te oigo responderme bajo este cielo naranja que llueve lamentos tuyos hacia mí, No Mami, no llores por mí, que si ahora estoy vivo es porque te hablo, y si quieren que no lo haga, ¿Cómo hacerlo? Si por hacerlo aún estoy vivo. La razón ha escapado por entre las nubes desiertas, oigo tus cantos mientras lavabas mi camisa de colegio, en aquel patio contiguo a mi dormitorio, madre mia, te tengo aquí por siempre y es que cuando tu tacto dejó de habitar, me envolvió tu presencia, esta presencia que se emerge en esta habitación, en esta mi cama, y puedo sentir, tu mano recorriendo mi frente, y tu beso posado en mi piel, protegiéndome, y dándome las buenas noches. Si te dijera Dios, sería religioso, si te dijera Madre, sería loco, loco pues, soy entonces… ¿Es necesario que te hayas ido? Mírame llorar por ti, y mírame reír, porque tu eres lágrimas y eres felicidad…Apague su luz, apague la vida, llegue la oscuridad y llegue un espejo que me traiga el reflejo de tu cadáver, Puedo ser quien quiero ser, así me dijo papá a los 8 años, y así quiero vivir, esta mañana he nacido con el viento del sur que meneaba los cabellos rotos de tu silencio buscado, detesto cuando callas, detesto que me hables y que no, detesto que permanezcas con los privilegios que una muerte puede dar, Paz…. Tranquilidad… ya no volar por los cielos de una realidad marchita, ya no volar, solo cerrar los ojos, Negro, Negro, Negro… Silencio, Silencio, Silencio…

Y con la noche de aquel sanatorio mental, llega también los sonidos de cerraduras y portazos, de apagar las luces, mientras en los pasillos se oyen los pasos ausentes, como almas en pena que condenados a la eternidad de una locura avanzan mientras los cantos de Doña Carmela vuelven a oírse, el radio en la misma estación, y las mismas canciones norteñas y sigue barriendo los quejidos que en el suelo dejaron estos pobres orates, y a ritmo de su escoba se cierra las puertas, se cierra los sueños, y llega el tiempo... de otro viaje.

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