¿Cantinfleando?
Los conceptos preestablecidos, estereotipos o prejuicios que inciden en nuestro actuar, determina un sentido llano a la negación propia de una naturaleza obvia, palpable, y genuina. Sin querer o queriéndolo, lo sañoso de la vista obedece a una falta de conocimiento propio, el estudio de comportamiento en base a ello evidencia una tendencia proclive a el común denominador de los dechados creados por un sentido de la no aceptación de la verdadera esencia del Yo real. Del Yo único.
A diario se comprueba el criterio desaprobatorio de actitudes que la sociedad considera criticable, el débil se escuda en la posición etiquetada de una mayoría que sin facetas y en individualidades sería como un ave perdida en una bandada sin norte. De la misma magnitud surgen interrogantes que nacen de la inconformidad de una aceptación, de los miedos creados por la escasa sinceridad de uno para otro individuo. La mentira coexiste con la inseguridad, la inseguridad se establece con falta de exploración y asimilación de la verdadera naturaleza humana, creando así espejismos de problemas, y no problemas en sí. Llevamos por momentos una vida quejosa, y por lo general inconforme, las limitaciones se establecen en los parámetros que nosotros le damos, la capacidad, de igual forma. La filosofía de ser feliz con poco, por más que parezca una posición conformista, resulta ser el arte de saber vivir con sabiduría. Uno no puede reclamar al Eucalipto por qué no fue un Sauce.
En un mundo donde ya todo está creado, y por tal, no hay ser humano creador, sino descubridor, en tal sentido el aburrimiento es una aberración al fin humano. ¿Cuál es el fin humano? Esa respuesta se halla al primer pensamiento que uno tiene al levantarse cada mañana.
Creo pues, que sin interrogantes que a cada momento se generan en nuestro interior, sin inconformidad, ni exploración, en monotonía…resultaría una vida árida y ya establecida por la cesantía que puede llevar a la esterilización de un alma que quiere liberarse de lo físico, de las paredes de los miedos.
Corramos el riesgo de salir heridos y así correremos el riesgo de ser libres.
Seamos humanos, no humanoides.
¿He cantinfleado?
A diario se comprueba el criterio desaprobatorio de actitudes que la sociedad considera criticable, el débil se escuda en la posición etiquetada de una mayoría que sin facetas y en individualidades sería como un ave perdida en una bandada sin norte. De la misma magnitud surgen interrogantes que nacen de la inconformidad de una aceptación, de los miedos creados por la escasa sinceridad de uno para otro individuo. La mentira coexiste con la inseguridad, la inseguridad se establece con falta de exploración y asimilación de la verdadera naturaleza humana, creando así espejismos de problemas, y no problemas en sí. Llevamos por momentos una vida quejosa, y por lo general inconforme, las limitaciones se establecen en los parámetros que nosotros le damos, la capacidad, de igual forma. La filosofía de ser feliz con poco, por más que parezca una posición conformista, resulta ser el arte de saber vivir con sabiduría. Uno no puede reclamar al Eucalipto por qué no fue un Sauce.
En un mundo donde ya todo está creado, y por tal, no hay ser humano creador, sino descubridor, en tal sentido el aburrimiento es una aberración al fin humano. ¿Cuál es el fin humano? Esa respuesta se halla al primer pensamiento que uno tiene al levantarse cada mañana.
Creo pues, que sin interrogantes que a cada momento se generan en nuestro interior, sin inconformidad, ni exploración, en monotonía…resultaría una vida árida y ya establecida por la cesantía que puede llevar a la esterilización de un alma que quiere liberarse de lo físico, de las paredes de los miedos.
Corramos el riesgo de salir heridos y así correremos el riesgo de ser libres.
Seamos humanos, no humanoides.
¿He cantinfleado?
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