Cajamarca y sus personajes

Cajamarca 9:05 a.m.


Partí de Chiclayo a las 10:45 p.m. del sábado. En el asiento 19 del Bus “LíNea”
Había gente despidiéndose en el terminal de Bus, desde la ventana los pasajeros decían Adiós, y por un acto mecánico y sarcástico también me despedí de esa multitud desconocida.

Detrás existe misterio y soledad. Valles que en la oscuridad parecen enormes fantasmas, a lo lejos luces tenues de pequeños poblados, evidencia de vida.

Ya había perdido el rumbo, el Sur resultó ser el Oeste, Oeste resultó ser el Norte, y el Norte Este y el Oeste Sur.

Llegué a Cajamarca después de las 4 de la madrugada, pensé llegar mas tarde y así no tener que sufrir de sueño. Así que esperé en la agencia hasta que amanezca un poco más mientras el vigilante encendía el televisor. Junto a mí otros 6 pasajeros se acomodaban a esperar la mañana. Pensé dormir pero no pude. Me entretuve un rato viendo un programa de televisión. Ya afuera tomé un emoliente con polen junto a algunos taxistas que lo tomaban para aplacar el frío. Al primer sorbo no pude evitar no escuchar a una señora que contaba con suma pasión un “robo” del que ella había sido víctima. Que Salió a barrer en la mañana, que un joven se le acercó, que ella conocía al joven de alguna parte, Ah! Claro! conocía a sus padres, y le preguntó que cómo estaban, que la mamá ya murió, que mis mas sentido pésame muchacho, que no se preocupe señora ya eso hace 2 años, que no le avisaron para ir al velorio, que el velorio no fue aquí, que la vida es así, que no hay de otra… y que mientras la señora hablaba con el muchacho otros individuos entraron por la puerta que dejó abierta y que mientras dormían todos sacaron un reluciente televisor de 29” ¡a colores hijo! Me decía mientras ya me hizo partícipe de los escuchas. Y que vio bajar a los dos ladrones campantes cargados del televisor y ella atónita e impotente a sus seguro cincuenta y tantos años nada podía hacer más que gritar y el supuesto muchacho conocido la empujo y los tres emprendieron marcha. Ah! Pero mis gritos fueron escuchados por mi superhéroe, el “guachimán” de la Agencia del costado salió con su pistola y disparó al aire, no pudieron cargar el televisor, lo dejaron en medio camino, como diciendo que pues ya ahí está, ya perdí, pero el “guachi” se corrió y chapo a uno del pescuezo mientras los otros dos se iban en el auto amarillo que parecía ser un taxi estacionado, y que le empezó a dar duro, duro! y yo ahí que pégale que pégale! Que me empujo! Y que hasta le di el pésame a ese infeliz!
Y todos los escuchas que cada vez éramos más rieron al unísono. Y bueno yo también, y la señora mientras narraba cada cosa con efusivos ademanes parecía vivir la drenalina que vivió seguro en su momento, los ojos le saltaban y su cabello casi canoso se despeinaba mientras se agachaba y decía que su “guachi” le dio tan duro como si fuese un hijo que defendía a su madre. Ay hijo es que nunca tuve un hijo varón…

-¿Y qué pasó con el choro? Preguntó un taxista por ahí.
-Ah pues el “guachi” lo llevó en un taxi directo a la comisaria.
-Pero se habrá llevado el televisor como prueba ¿no?
-No hijo, cómo crees, en el acto subí mi TV a las justas…
-Verá señora, yo soy bachiller de Derecho, el punto es que el ladrón bien puede decir que ha sido víctima de una salvaje golpiza, no hay pruebas señora linda, no hay…
-¿Será tan descarado?
El taxista-abogado se encogió de hombros… y a la señora se le fue las ganas de seguir contando. Mi emoliente ya estaba frió.

Luego mochila en mano me dirigí hacia ninguna parte. Me encontré con un minero que llegaba de trabajar de amanecida, me guió a la plaza, me acompaño casi todo el camino pues él también iba por esa dirección, por poco y me cuenta hasta en qué iglesia hizo su bautizo, ¿será que sé escuchar a la gente? Existen tantas cosas que queremos decir, cada persona es un mundo de vivencias, las cosas que se viven allá en la mina son historias tan fantásticas que de escribir lo que me contaba aquel muchacho resultaría irrisorio. La misa del domingo en la plaza ya estaba iniciándose, los campanazos de las 6 de la mañana retumbaban en aquel lugar, entre a misa… compré una vela morada. Y canté “Santo Santo Santo… dicen los querubines, Santo Santo Santo, es el señor Jesús, Santo Santo Santo es él quién nos libera, porque mi Dios es Santo y la tierra llena de su gloria está…” Y todos allí aplaudiendo y yo ahí riéndome de mí mismo, y recordando las misas del domingo que solía ir con mis hermanas. Y esa escena me pareció familiar a una escena de la película Forrest Gump, cuando en una iglesia Forrest pide un milagro para su barco camaronero.
Siempre me llamaba la atención en cómo con unos golpecitos en el pecho quedaba absuelto de todo pecado. Siempre de niño en la misa deseaba escuchar el tan esperado “ahora hermanos pueden ir en paz” y en paz ciertamente me iba… Feliz con una sonrisa… ahora en la misa de esta iglesia de la plaza de Cajamarca casi me quedo dormido, pero es que hey! Sólo dormí 4 horas…

De pronto cuando sentí la mirada del padre dirigida inquisidoramente hacia mi sólo espere a que den las hostias y aprovechar el pánico y retirarme. Cuando lo hice me sorprendió ver que la iglesia estaba repleta… y no habré visto a no más de 5 chicos de mi edad… ¿Dónde están los jóvenes? Quizás “resaqueados” de lo que fue un fin de semana de bohemio. Qué mal pensado soy, quizás se amanecieron estudiando ayer… sí eso debe ser.

Cajamarca 9:57 a.m.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Resistencia