Saudade
Recuerdo muchos años atrás, a mi madre decir que un alma recoge sus pasos. Que el espíritu visita los lugares donde anduvo alguna vez, riendo, llorando, donde caminaba de la mano con un cuerpo obediente. Aquellos espacios que albergaron unas sonrisas enamoradas, pensamientos ambulantes… proyecciones, planes, intenciones…
Al salir de estudiar el día de hoy, caminando por las oscuras calles de Surco, pisando sombras de árboles y hojas secas, creí ser yo sólo un recuerdo.
Mis compañeros se despidieron de mí y en un acto mecánico, aprendido, pronuncié un adiós. Algo retenía en el pecho. Mi voz escondía otra voz, en la noche, de luces amarillas y bocinas de automóviles, sentí frío, escondí mis manos en los bolsillos de mi casaca mientras mis zapatillas se veían perdidas, torpes, yendo hacia ninguna parte.
Llegué a la baranda del viejo puente de todos los días. Desde allí vi luces amarillas rápidas en un fondo negro, luego líneas amarillas al cerrar levemente mis ojos. Pensé estar en esas imágenes de cámara rápida, suspendido en mi lentitud, cuando tantas personas quizás sepan a dónde van. O tal vez se hayan detenido, como yo, por un solo instante, y pensar en que somos como una molécula de aire en el universo, un átomo en un sistema cuya magnitud no podemos concebir. O tal vez piensen que es mejor no pensar, que es mejor seguir trabajando, seguir estudiando, seguir caminando.
¿Y si estoy recogiendo mis pasos?
Será posible volver a todos los lugares que hemos ido? Las viejas rutas al colegio de primaria, el rostro del portero de siempre, la cara de mis profesores, mi carpeta verde, la canchita de fulbito donde anotaba mis primeros goles, los lunes en la playa San Pedro, el carro vendido de papá, mi escondite ultrasecreto cuando quería que nadie me vea llorar, las caminatas con mi madre por el centro de Lima, mis primeras borracheras en tierras extrañas, mi primera amanecida en una banca de alguna plaza, los primeros besos, las caminatas en los muelles, mis entusiastas pasos por bulevares esperando a un amor que muta de cuerpo, las viejas canciones, las apasionadas tertulias, las primeras decepciones, la partida…
Y cuando ya las horas se hayan asentado, cuando deje de mirar desde este puente y mis manos dejen de aferrarse a esta fría baranda, entonces este punto, este instante será un recuerdo, algo que de seguro olvidaré, sólo unos pensamientos que se disipan, como unas nubes con el viento, y siguen su rumbo, hacia la nada.
Nakupenda Minako Ana Behikab
Por: ElCortavenasCastpost
Al salir de estudiar el día de hoy, caminando por las oscuras calles de Surco, pisando sombras de árboles y hojas secas, creí ser yo sólo un recuerdo.
Mis compañeros se despidieron de mí y en un acto mecánico, aprendido, pronuncié un adiós. Algo retenía en el pecho. Mi voz escondía otra voz, en la noche, de luces amarillas y bocinas de automóviles, sentí frío, escondí mis manos en los bolsillos de mi casaca mientras mis zapatillas se veían perdidas, torpes, yendo hacia ninguna parte.
Llegué a la baranda del viejo puente de todos los días. Desde allí vi luces amarillas rápidas en un fondo negro, luego líneas amarillas al cerrar levemente mis ojos. Pensé estar en esas imágenes de cámara rápida, suspendido en mi lentitud, cuando tantas personas quizás sepan a dónde van. O tal vez se hayan detenido, como yo, por un solo instante, y pensar en que somos como una molécula de aire en el universo, un átomo en un sistema cuya magnitud no podemos concebir. O tal vez piensen que es mejor no pensar, que es mejor seguir trabajando, seguir estudiando, seguir caminando.
¿Y si estoy recogiendo mis pasos?
Será posible volver a todos los lugares que hemos ido? Las viejas rutas al colegio de primaria, el rostro del portero de siempre, la cara de mis profesores, mi carpeta verde, la canchita de fulbito donde anotaba mis primeros goles, los lunes en la playa San Pedro, el carro vendido de papá, mi escondite ultrasecreto cuando quería que nadie me vea llorar, las caminatas con mi madre por el centro de Lima, mis primeras borracheras en tierras extrañas, mi primera amanecida en una banca de alguna plaza, los primeros besos, las caminatas en los muelles, mis entusiastas pasos por bulevares esperando a un amor que muta de cuerpo, las viejas canciones, las apasionadas tertulias, las primeras decepciones, la partida…
Y cuando ya las horas se hayan asentado, cuando deje de mirar desde este puente y mis manos dejen de aferrarse a esta fría baranda, entonces este punto, este instante será un recuerdo, algo que de seguro olvidaré, sólo unos pensamientos que se disipan, como unas nubes con el viento, y siguen su rumbo, hacia la nada.
Pd: Y de pronto un mensaje tuyo lo cambia todo...
Nakupenda Minako Ana Behikab
Por: ElCortavenasCastpost
Comentarios
Pd: T.A. :)
Quisiera morir un instante, asi recordar mi primer beso y mi primera decepcion, jijiji.
Es mejor no pensar en eso, mejor me voy no quiero pensar en eso chaufa. xD
Saluditos.
un abrazo amigo, gusto volver a leerte.
Saludos
El Enigma
Nox atra cava circumvolat umbra