Sanev Arcot (I)

Cierta mañana Sanev creyó que es mejor regresar, había caminado mucho desde el día que se prometió recorrer a pie las playas de su país, y ya era invierno.

Se preguntaba cuántos kilómetros habría caminado desde que partió, la sensación de estar cada vez mas lejos le producía una sensación de alivio e incentivo a seguir buscando un extraño horizonte, su horizonte.

Recordó el día que partió, cuando decidió huir del dolor, aquel dolor que se manifestaba en la fuerza de sus pisadas. No, prefería no recordar.

Cuando veía sus ojos nublarse trataba de acercarse a la playa a contemplar el mar, al avizorar sus primeras lágrimas esbozaba una sonrisa, el mar estaba dentro de él.
El dolor me sabe a sal, pensó aquella vez y siguió caminado mientras se preguntaba si el Mar también sentía dolor.
Ya en las noches echado en la arena y cobijado en su bolsa de dormir, miraba a la luna, su tenue luz creaba la cópula cadenciosa con la brisa húmeda de la lúgubre armonía, el aire entonces permanecía como el hálito de unos dioses nocturnos, una sagrada quietud que contrastaba con los gemidos del mar de medianoche. Sanev creía estar en el equilibrio del mundo. Se preguntó si estaría soñando.

El cielo ya había adquirido un azul oscuro, extendido como un papel tapiz desde los rincones a los que Sanev aspiraba llegar. Algunas estrellas brillaban más que las demás, intermitentes, como si quisieran que las recuerden bellas y luminosas, que alguna vez estuvieron allí para los ojos de un alma errante en busca de su destino.

Las gaviotas anunciaban con sus cantos y sus vuelos que es un día más, Sanev despertó sonriendo, sintió hambre, sintió paz, su corazón palpitaba al ritmo de una rara emoción que no pudo explicar, creyó que por fin estaba encontrando su leyenda, al tanto que el Sol aclaraba el día. La arena estaba tibia, había soleado en pleno invierno...

Comentarios

Priscila dijo…
Caminar sin descanso... sin tregua... siempre hacia adelante...
Tal vez parar un rato... ver hacia atrás... y seguir...

Saludos
Anónimo dijo…
mish
uno parte y a la vez no...

a mi dolor me sabe a "cal"

me carcome-... wah!
MaLena Ezcurra dijo…
Tus palabras danzan con la lluvia de Buenos Aires.

Abrazo.
Anónimo dijo…
Una dulce muerte:

Futura muerte, tan cerca, tan dulce... Ya puedo sentir mi sangre cayendo de mis ojos, de mis manos, de mi cuello...
Juego con un cuchillo, tan brillante, tan filoso. Lo comiendo a dar vueltas, la contemplo, es hermosa en su rareza. Poco a poco lo veo acercándose a mi muñeca, trato de impedirlo, pero eso es imposible, no le puedo negar a tanta belleza.
Veo como suavemente corta mi muñeca. Veo como comienza a salir algo extraño... un elixir, un liquido rojo, es sangre!... cayendo poco a poco sobre m cuerpo.
Puedo sentir ese dolor, pero no cualquier dolor. Si no uno dulce, por fin morir... por fin dejar todo...
Veo mi cuerpo ya sin vida... Una tierna sonrisa en la cara... por fin muerte, ya te encontré!
Abro mis ojos o eso parece... veo un desierto, sin luces, una interna oscuridad. A lo lejos logro ver un cuerpo, de un a niña parece... Me acerco cuidadosamente, la doy vuelta al cuerpo ya sin vida... veo sus ojos, caen unas lagrimas... a mirar su muñeca, estaba cortada. De repente me dan unos escalofríos ya volver a ver a la niña... era yo! Un intenso miedo recorrió por mi cuerpo: ¿En donde estoy? ¿En donde estoy?





Saludos, un gusto.
phillip dijo…
Un equilibrio tal en los confines del mundo por donde nace el sol y otros recuerdos presenti cuando lei tu post.


Un beso
Monarcaxx dijo…
Un alma errante que trata de buscar y encontrar su propia leyenda...todos tenemos de algo de Sanev.

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