Mijail (I)
Me agrada cobijarme entre mis frazadas de lana, apagar las luces, cerrar las ventanas y deslizar las cortinas. Cuanto mas oscuro, mejor. Antes de echarme por fin, prendo el equipo de sonido y dejo que la voz de José José o Leonardo Favio sean mis únicas acompañantes. Al estar ya entre puras sombras, me es fácil imaginar que tengo veintitantos años nuevamente, y que el amor sea para mí, algo realmente posible. Así es menos complicado conciliar el sueño, pues, no soporto el silencio. Siento que el silencio es sinónimo de soledad.
Y yo no estoy solo.
Ayer una vecina tocó educadamente la puerta de mi departamento. Tres golpes secos, luego dos, dos nuevamente… Generalmente nunca abro la puerta, las personas que vienen a buscarme tienen la llave de este lugar, pero ayer… fue tan cálida la manera de tocar de esta vecina que, me hizo recordar mucho a las veces en que vivía con Clarisa.
Me levanté con pesadez, bajé el volumen del televisor, tendí la cama rápidamente como quien tiene miedo a que su madre lo regañe, y abrí. Era una señora de baja estatura, pero con la quijada muy levantada. Después de saludarme me dijo amablemente que ayer por la noche, no pudo conciliar el sueño y menos su menor hijo, el cual tiene que levantarse muy de madrugada para ir a trabajar:
- Por favor joven, le rogaría que en las noches le bajara un poquito el volumen a su equipo.
-No estaba tan alto señora…
- Sí, sí, lo sé, hay veces que usted lo sube mas, y la verdad es que a mi no me desagrada tanto, en realidad esta muy bonita su música, me hace recordar a cuando era joven.
-Lamento si le he causado disgustos... no fue mi inten...
-Como le digo joven, por mi normal, es sólo que ayer vino mi hijo a visitarme después de mucho tiempo y me dijo que cómo es posible que duerma con esa bulla, él mismo quería venir aquí para hablar con usted, pero mejor venía yo pues.
-Está bien señora lo tomaré en cuenta, cuídese mucho.
-Ya joven, mas bien, cual es su nombre, aquí en el edificio nadie sabe su nombre…
Gesticulaba cada palabra abriendo los ojos que, debajo de los cristales de sus anteojos, se veían más grandes aún. Me quedé en un acto único de contemplación. Imaginé a mi madre a esa edad, aunque ella haya muerto cuando tenía 6 años, y el recuerdo que tenga de ella sea sólo como el de una vieja película.
-Su nombre joven por favor…
-Ah si, mi nombre, claro. ¿El suyo cual es?
-Diana, la señora Diana.
-Mucho gusto señora, cuídese ¿si?
-Su nombre pues
-Ah si, que torpe… Mijail, me llamo Mijail.
Tuve miedo al cerrar la puerta. Nunca fui bueno para mentir, y aquella vez no fue la excepción.
Qué extraña sensación me invade al recordar lo que últimamente he soñado: ver a este edificio incendiarse por completo. La gente gritando de dolor queriendo recuperar sus cosas, los llantos de los niños… sus rostros desesperados huyendo de las lengüetas de fuego y yo salir de aquí completamente desnudo, sin preocuparme por querer rescatar algo de valor, salir sólo con mis zapatos, y correr desnudo y riéndome a carcajadas. ¿Será que soy inmune al infierno?
Quizá inconscientemente sólo busque un consuelo... que mi imaginario quiera concebir la tonta idea de un averno sin dolor y es que...aún escucho a esas voces implorando piedad mientras tiraba del gatillo. Aún veo sus rostros... ¡Qué ingenuidad la mía! ¿Acaso esto no es ya un infierno?
Comentarios
en cuanto al cuento me ha gustado aunke es bastante extraño el personaje...
sañudos
Bonito el diseño...
yo nicaragua que me corto las venitas, prefiero que todo se mantenga en circulación normal jeje.
Saludiños.
Saludos
Nos vemos.
P.S. ¿fuiste al concierto de The Ocean Blue?
Pd: Ahí nos leemos.
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