Esta es una historia real (Lamentablemente)
De las tantas veces que Don Sebastián me contaba con añoranza cosas de su juventud, fue la última que abarcó un tema que atrapó mi completa atención, emplazándole a que me cuente más de aquellos años 70, de los días lentos en Lunahuaná, de los sembríos, el inclemente sol y de “La gringa”.
-Si era cabro o no, realmente no lo sabíamos, pero de que tenía el cabello largísimo, lo tenía, una cabellera hasta casi la cintura y escandalosamente rubia, por eso lo jodíamos de hembrita, él sólo reía y caminaba rápido, no hablaba mucho, hasta decían que era mudo, pero alguna vez le escuche hablar, es más, cantando alguna canción en una lengua extraña, cuando advirtió mi presencia se hizo el cojudo y no abrió la boca sino para sonreír y mostrarme esa dentadura blanquita. Otros paisanos le decían el Ruso.
- Pero, definitivamente no era del lugar… ¿Cómo llego allí?
-Cuando era chibolo era capaz de pagar por saber eso, pero nunca nadie supo como carajo llego la Gringa allí, simplemente apareció ¿Puedes creer que ni siquiera nadie sabía dónde vivía? Solo se paseaba con su talega en la espalda por las tardes, casi para anochecer, y ya cuando estaba oscurito se iba para el valle, y se perdía en la oscuridad.
- ¿Y de qué vivía?
-No sé dónde comería porque a veces la gente mayor le quería invitar un poco de comida y pocas veces te recibía, siempre paraba apurado con su taleguita, como loquito andaba, bien cochinito, a veces la muchachada quería ver qué llevaba en el saco, y siempre que jugabas de mano y jalándole el cabello agarraba una ramita y se ponía a dibujar aviones en la tierra, pero te lo dibujaba de una manera que te dejaba como tonto, con sus misiles y todo, imaginaba que la tierra era el cielo y se tiraba como quien se tira de un paracaídas, luego agrava piedritas y las ponía en círculos, y hacía unos silbidos medios pendejos, como si fueran misiles, hacía de cuenta que estaba en una guerra, todos mirábamos que haga sus tonterías, pobre loquito decía la gente, a los niños les gustaba, por ese lado llegó a ser querido la Gringa. A los chibolitos hay veces les regalaba jarritas chiquitas, antigüitas ya, siempre empolvaditas
- ¿Jarritas? ¿Huacos?

-Si pues, algo así como eso, una vez mi primo me dijo para seguirlo, y ver donde dormía, si vivía con alguien o qué. Te juro que lo seguimos como media hora subiendo a cuestas, yo tendría mis 23 años, pero no pude más, cada vez se alejaba más, se metía por caminitos que hay más allá del valle, caminitos bien hechitos de qué años serán pues, parece de los incas, hasta ahí nomás llegamos, este se metió por un hueco y no lo vimos mas, nos regresamos requintando, este pendejo se había percatado que lo seguíamos y acelero el paso, eso sí, vimos una fogatita metros más allá, nos acercamos y estaba ardiendo un hueco medio hondo, en ese momento no sabía qué era así que nos vinimos nomás, imagínate, después supimos que era carbón, quién carajo sabía hacer carbón allá, nadie, y este maricón ya sabía.
-Pero entonces no era un loco, ni un tonto, sabía bien lo que hacía. ¿No se da cuenta?
-Si pues, porque recuerdo que después de un par de años, por fin llegamos a la parte alta donde vivía la Gringa, y nos dimos con la sorpresa que esos caminitos con esos dibujos daban para las faldas de la montaña posterior, allí encontramos hartos huecos, huecos por aquí, huecos por allá, encontramos calaveras, cráneos, mantas llenas de tierra que estaban alrededor de los huecos, como si hubieran seleccionado, grande había sido ese lugar.
Mi imaginación viajaba por esos valles inhóspitos, llenos de historia terriblemente saqueada, imagine esos huecos, imaginé la cara “estúpida” de la Gringa y sólo pude ver al ladrón más astuto cuyo disfraz era la de un orate sucio y pobre.
-¿Pero a dónde llevaba todas lo que sacaba de allí?
-No sé siempre se perdía por lugares lejanos, supimos que hacía mal al sacar esas cosas, los mayores le decían que recibirá maldiciones, pero él solo se reía y regalaba jarrones grandes, a los niños unos pequeñitos, pero lo que a mi más me gustaba era los chocolatitos que nos daba, ¿recuerdas Lili?
Y su esposa que seguía la conversación tras el mostrador de la tienda de don Sebastián asentía cada comentario.
-Eran bien ricos joven, chocolatitos pero que jamás había probado, no eran chocolates, eran de otro tipo, de dónde los traería este Ruso pues, te daba bastantito, a mi mamá también le daba carbón. Bien bueno era” dijo Dola Lili mientras se desatendió cuando entró un cliente a la bodega “¿Qué le atiendo joven?

Permanecí en silencio mientras una corriente de sensaciones se producía en mí ¿Cómo un pueblo puede ver desaparecer su historia viva? ¿Qué tantas cosas habrá visto ese huaquero y llevado por años? ¿ a dónde llevaba los huacos? Imaginaba a la gringa dibujando aviones en la tierra con su ramita, haciendo sonidos de misiles con la boca, distrayendo las preguntas, viendo la cara de tontos a un pueblo desinteresado de su historia, imaginaba lo que pensaba la Gringa, “Pobres tontos, créanme loco, jódanme de cabro…solo miren mis avioncitos, miren cojudos, miren…”
-¿Y qué paso con la Gringa, no pensaron denunciarlo?
-Quien lo va a denunciar, si la gente tenía pena del loquito, alguna vez un alcalde lo fue a buscar, pero ya nadie más lo vio, así como apareció de pronto ese pelucón, así igualito desapareció, seguro los antepasados lo desaparecieron por la profanación pues, por recolectar esas jarras y mantos, qué haría con las calaveras pues, pero ya la Gringa desapareció, ni su cuerpo se halló...
No quise preguntar por el lugar pero fue inevitable.
-¿Y como está ese juego de caminos incaicos ahora?
-Ah pues, ahora esta bien cuidadito por el Instituto Nacional de la Cultura, la verdad que ni sé qué cuidan, las sobras del loquito será pues, ah no, ya sé, están cuidando los huecos, ¡sí eso! ¡ja, ja, ja…!
-Si era cabro o no, realmente no lo sabíamos, pero de que tenía el cabello largísimo, lo tenía, una cabellera hasta casi la cintura y escandalosamente rubia, por eso lo jodíamos de hembrita, él sólo reía y caminaba rápido, no hablaba mucho, hasta decían que era mudo, pero alguna vez le escuche hablar, es más, cantando alguna canción en una lengua extraña, cuando advirtió mi presencia se hizo el cojudo y no abrió la boca sino para sonreír y mostrarme esa dentadura blanquita. Otros paisanos le decían el Ruso.
- Pero, definitivamente no era del lugar… ¿Cómo llego allí?
-Cuando era chibolo era capaz de pagar por saber eso, pero nunca nadie supo como carajo llego la Gringa allí, simplemente apareció ¿Puedes creer que ni siquiera nadie sabía dónde vivía? Solo se paseaba con su talega en la espalda por las tardes, casi para anochecer, y ya cuando estaba oscurito se iba para el valle, y se perdía en la oscuridad.
- ¿Y de qué vivía?
-No sé dónde comería porque a veces la gente mayor le quería invitar un poco de comida y pocas veces te recibía, siempre paraba apurado con su taleguita, como loquito andaba, bien cochinito, a veces la muchachada quería ver qué llevaba en el saco, y siempre que jugabas de mano y jalándole el cabello agarraba una ramita y se ponía a dibujar aviones en la tierra, pero te lo dibujaba de una manera que te dejaba como tonto, con sus misiles y todo, imaginaba que la tierra era el cielo y se tiraba como quien se tira de un paracaídas, luego agrava piedritas y las ponía en círculos, y hacía unos silbidos medios pendejos, como si fueran misiles, hacía de cuenta que estaba en una guerra, todos mirábamos que haga sus tonterías, pobre loquito decía la gente, a los niños les gustaba, por ese lado llegó a ser querido la Gringa. A los chibolitos hay veces les regalaba jarritas chiquitas, antigüitas ya, siempre empolvaditas
- ¿Jarritas? ¿Huacos?

-Si pues, algo así como eso, una vez mi primo me dijo para seguirlo, y ver donde dormía, si vivía con alguien o qué. Te juro que lo seguimos como media hora subiendo a cuestas, yo tendría mis 23 años, pero no pude más, cada vez se alejaba más, se metía por caminitos que hay más allá del valle, caminitos bien hechitos de qué años serán pues, parece de los incas, hasta ahí nomás llegamos, este se metió por un hueco y no lo vimos mas, nos regresamos requintando, este pendejo se había percatado que lo seguíamos y acelero el paso, eso sí, vimos una fogatita metros más allá, nos acercamos y estaba ardiendo un hueco medio hondo, en ese momento no sabía qué era así que nos vinimos nomás, imagínate, después supimos que era carbón, quién carajo sabía hacer carbón allá, nadie, y este maricón ya sabía.
-Pero entonces no era un loco, ni un tonto, sabía bien lo que hacía. ¿No se da cuenta?
-Si pues, porque recuerdo que después de un par de años, por fin llegamos a la parte alta donde vivía la Gringa, y nos dimos con la sorpresa que esos caminitos con esos dibujos daban para las faldas de la montaña posterior, allí encontramos hartos huecos, huecos por aquí, huecos por allá, encontramos calaveras, cráneos, mantas llenas de tierra que estaban alrededor de los huecos, como si hubieran seleccionado, grande había sido ese lugar.
Mi imaginación viajaba por esos valles inhóspitos, llenos de historia terriblemente saqueada, imagine esos huecos, imaginé la cara “estúpida” de la Gringa y sólo pude ver al ladrón más astuto cuyo disfraz era la de un orate sucio y pobre.
-¿Pero a dónde llevaba todas lo que sacaba de allí?
-No sé siempre se perdía por lugares lejanos, supimos que hacía mal al sacar esas cosas, los mayores le decían que recibirá maldiciones, pero él solo se reía y regalaba jarrones grandes, a los niños unos pequeñitos, pero lo que a mi más me gustaba era los chocolatitos que nos daba, ¿recuerdas Lili?
Y su esposa que seguía la conversación tras el mostrador de la tienda de don Sebastián asentía cada comentario.
-Eran bien ricos joven, chocolatitos pero que jamás había probado, no eran chocolates, eran de otro tipo, de dónde los traería este Ruso pues, te daba bastantito, a mi mamá también le daba carbón. Bien bueno era” dijo Dola Lili mientras se desatendió cuando entró un cliente a la bodega “¿Qué le atiendo joven?

Permanecí en silencio mientras una corriente de sensaciones se producía en mí ¿Cómo un pueblo puede ver desaparecer su historia viva? ¿Qué tantas cosas habrá visto ese huaquero y llevado por años? ¿ a dónde llevaba los huacos? Imaginaba a la gringa dibujando aviones en la tierra con su ramita, haciendo sonidos de misiles con la boca, distrayendo las preguntas, viendo la cara de tontos a un pueblo desinteresado de su historia, imaginaba lo que pensaba la Gringa, “Pobres tontos, créanme loco, jódanme de cabro…solo miren mis avioncitos, miren cojudos, miren…”
-¿Y qué paso con la Gringa, no pensaron denunciarlo?
-Quien lo va a denunciar, si la gente tenía pena del loquito, alguna vez un alcalde lo fue a buscar, pero ya nadie más lo vio, así como apareció de pronto ese pelucón, así igualito desapareció, seguro los antepasados lo desaparecieron por la profanación pues, por recolectar esas jarras y mantos, qué haría con las calaveras pues, pero ya la Gringa desapareció, ni su cuerpo se halló...
No quise preguntar por el lugar pero fue inevitable.
-¿Y como está ese juego de caminos incaicos ahora?
-Ah pues, ahora esta bien cuidadito por el Instituto Nacional de la Cultura, la verdad que ni sé qué cuidan, las sobras del loquito será pues, ah no, ya sé, están cuidando los huecos, ¡sí eso! ¡ja, ja, ja…!
Comentarios
Por otro lado, amigos de la Universidad y yo tenemos un portal, quisieramos colgar lo que escribiste, con tu permiso claro.
Saludos desde tierras Aztecas.
Ericka Sanchez
ud. lo pidio, y esta listo
la sangre es tan tibia como los imperios precolombinos de Raphaela, desde ahí seguí tu huella y llegué a la cumbre,
los chamanes abrían paso a la sacerdotiza que venía por tus finas letras,
me voy pero contigo, mi carruaje te espera, te invito al teatro de las sombras... ahí, es nuesra cita en las tinieblas...