Mi Yo doctor y Mi Yo Sanev

-La vida es una búsqueda ¿no? Pero ¿búsqueda de qué? Cada vez que me sentía deprimido buscaba una especie de ocupación. Sentirme ocupado y olvidar esas preguntas existenciales que a veces saturan.
-La vida es una búsqueda de felicidad.
-Ok, en mi caso soy un caso viviente de una supuesta felicidad, mírame he culminado mi carrera de derecho, he conseguido un buen trabajo, a mis 29 años he logrado conseguir lo que el promedio de mis amistades no pudieron, un coche que si bien no es nuevo, es propio. Visto bien…
-¿Y el amor?
-Si, he tenido bonitas relaciones, cada una más fascinante que la otra, he podido disfrutar de lo que se dice un amor y vida de pareja. Pero a la larga la relación se tornaba tortuosa, siempre la formalidad me espantaba, cuando olía que estaba poseyendo una estabilidad, los miedos acrecentaban y afectaban mis relaciones, terminaban cansadas de una inseguridad obvia…
-¿Le temes a los cambios?
-No, no es eso. La vorágine de mi carrera me permitió cambiar a medida que cambia el mundo. Irónicamente puedo volcar todos mis conocimientos a mi profesión… pero no a mi vida personal en sí. Me da miedo quedarme atrapado en algo que quizás después me arrepienta. Por ello la incertidumbre se hace presente hasta el último minuto de mi relación.
-¿Entonces qué crees que debas hacer?
-Oiga, ¿No debería decirme usted eso? Para eso pagué la consulta a su secretaria ¿no?
-Es lógico. Pero lógico es también que las respuestas están en ti, Lo han estado todo el tiempo. Deambulan en tu interior esperando ser escuchadas. Sé que te sientes solo, se puede sentir, en realidad todos pasamos por alguna sensación de soledad, sólo que algunos se entretienen con ella, y se quejan y desarrollan un ligero masoquismo al sentirse sensible. Pero también hay otros que al verse así, se ocupan en su carrera o trabajo, como tú. Tratan de olvidarse así del problema, pero sólo la postergan. Pero también están los que viven en espiritualidad plena, desarrollan un amor completamente receptivo, y se dejan amar y por ello aman.
-¿Y cómo puedo llegar a ser receptivo?
-Es tu naturaleza, de amor eres… incluso antes de nacer…Sólo que perdemos ese don por diferentes causas. Sanev, déjame hacerte una pregunta.
-Adelante
-¿Cuándo te alejaste del sentido de realidad?
-Realidad a qué, o qué, no entiendo.- Respondió extrañado Sanev.
-Vivir una estabilidad, a esa que huyes, a esa que temes conocer, ¿Tú crees que temas arriesgar?
Sanev echado en el diván gira la cabeza hacia el doctor, su mirada se detuvo en el brillo de sus lentes y esbozó una sonrisa.
-Sé a dónde quiere llegar, quiere usted que yo mismo me responda. Y así mi respuesta sea mas sincera… y le diré que no, no temo arriesgar, es sólo que quizás no haya conocido a alguien que me haya impulsado a tomar la decisión.
-O quizás ya la conociste y no la dejaste llegar al verdadero Sanev. Te contaré algo. ¿Puedo no?
-Adelante
El doctor dejó por un momento su libreta de apuntes, se desajustó la corbata, y miró tras la ventana el brillo de una mañana que avizoraba un recuerdo aún permanente.
-Allá en el año 2005, había un muchacho que acaba de conocer la chica más preciosa de su vida, él por aquel entonces se expresaba con poemas que se las dedicaba en su silencio. Se sorprendía de que con sólo mencionarla o imaginarla podía escribir tantos versos como pensamientos hacia ella. La idealizó de tal forma que le dio cualidades que ella no poseía, la hizo ideal, musa e inalcanzable. Ella quería conocerlo más, pero él siempre quiso verla de lejos, así seguir soñándola y extrañándola. Le temía a la realidad. ¿Entiendes?
-Claro…
-Pero a pesar de eso le dolía y satisfacía estar en esa situación. Alimentaba su alma poética pero su realidad era estar siempre lejos de la chica que idealizó. Él se entretuvo con su soledad y desarrolló una especie de masoquismo, se dio cuenta de ello, y quiso ocupar su mente con cosas ajenas a su realización espiritual, se dedico a trabajar y conseguir bienes materiales, se mudo de casa, arregló muy bien su dormitorio con losetas de vidrio, piso de mayólicas…se compró un separador de ambiente de lujo, sillones de cuero y toda clase de comodidades que pudo pagar. Pero aún seguía sintiendo el vacío que le producía la lejanía de aquella chica que consideraba inalcanzable. Se deprimió nuevamente… e intentó ser de los que se dejan amar, de los receptivos, de los que se reencuentran con la naturaleza propia del ser humano, lloró de impotencia al ver el castillo de vidrio que construyó y sobre todo la barrera de miedos que impedía que se dejara amar.
-¿Y qué hizo? –preguntó rápidamente Sanev visiblemente atento.
-Él era un guerrero, quiso recuperar el tiempo perdido por culpa de sus miedos. Se armó de valor y fue a buscarla. En cada paso que daba hacia su casa sentía una liberación única, en cada paso el peso de su surrealismo se esfumaba. Sentía una adrenalina de ver de cerca nuevamente a aquella chica que tanto había trascendido en su vida. Que tantos cambios le había producido. No temió decepcionarse, el coraje que sentía de no haberlo echo antes lo llevo a dar pasos mas presurosos. Y la vio
-¿Y?
-Y la vio…
El doctor tenía la mirada perdida, dentro de él se vivía una revolución de sensaciones dio un suspiro y concluyó.
-La vio feliz, cada gesto suyo y sonrisa suya era natural de un ángel y espíritu tierno, dulce y frágil. Su belleza era tan igual como su espíritu y sobre todo era Real y Alcanzable.El muchacho habló con ella y en cada palabra suya sincera y sin miedos le dijo lo que sentía por ella. De todos los cambios radicales que en él produjo. Se desahogó de tal forma que se sintió libre, el peso de la idealización se había esfumado, había dado el paso adelante, se había encontrado así mismo, se llamó por su nombre, se reencontró con él, y a él le vino el perdón de él… pues el ameritaba un perdón, de la mano con su autoconocimiento, lo había logrado, por fin estaba apto para amar de verdad, y sobre dejarse amar.
-Y vivieron felices por siempre jamás... .-Sonrió Sanev.
-No, hay una cosa que no se puede recuperar jamás, y es el paso del tiempo. Nadie puede volver al ayer. El costo de saber eso le valió el amor de la muchacha.
-¿No logró estar con ella?
-No, pero le dejó la más bonita enseñanza que hasta el día de hoy la comparte, contigo por ejemplo. A ti te costó cincuenta soles, el valor de la consulta. A mí me costó su amor.
-O sea…
-Si, ese muchacho era... yo. Puedes levantarte, la terapia ha culminado.

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