Catarsis de mañana
Es un día más. Solea allá afuera, y no quiero despertar.
Aunque ya lo hice.
Es cumpleaños de mi cuñado, recuerdo que ayer mi mamá dijo que subiera a desayunar. Miro mi reloj, no... ya es tarde. ¿Siempre tengo que llegar tarde?
Veo la ruma de libros que hace unos días adquirí: Unio Mystica “Sufismo” de Osho, “Los ojos de mi princesa” de Cuauhtémoc Sánchez, “El Zahir” de Coelho, “Fortaleza Digital” de Dan Brown, “Delirio” de Laura Restrepo, “Vida, amor y risa” de Osho nuevamente...
Cada objeto, tiene cosas que contar, al ver esos libros recuerdo que hace dos días fui a cobrar una “deuda eterna” a una señora a la que se le ocurre pagarme con libros... piratas, es verdad, pero vamos, no hay otra forma de poder cobrarle.
Y es así como llegan a mis manos estas copias. Cuando voy al stand de esta señora, en “esa” galería comercial en el centro de Lima, el aire, el ambiente, las miradas desconfiadas, lo prohibido, lo ilegal se siente, se huele, es imposible no poder percibirlo. Algunos Stand exhiben en la fachada de sus negocios libros originales, pero solo es “pantalla” Los clientes que vienen aquí saben bien que no vienen a comprar un original, y mucho más aun los vendedores.
Ubiqué el puesto de venta de la señora, un Stand a medio cerrar, ella en la esquina observando atentamente cualquier eventual comprador, seleccionando, distinguiendo, analizando sus rostros : “Sólo vendo a conocidos nomás, hay veces en que vienen policías vestidos de civil...” Me dice la señora ya adentro del Stand, filas de libros, vitrinas repletas, pedidos embalados en papel “Para provincia...”.
Casi como acto protocolar le recuerdo la deuda, y como acto autómata me responde: “Acabo de pagar algunas cuentas... Justo hace un ratito...”. Me parece irónico el que hasta hace unos instantes al preguntarle sobre la demanda de ese libro que regale a mi sobrino Angel y que jamás leyó: Harry Potter: “Uy ese libro “rayó” Tuve que amanecerme para comprar un lote, felizmente valió la pena, me vendí casi 800...”
-(¿...?) ¿Ochocientos? y ¿a cuánto los vendió?
-Bueno... Ni bien salió a 12 soles... había que sacar provecho....
-¿Y después?
-Después cuando toda mi competencia ya tenía el libro, a 10 nomás...
-Uhmm ya, ¿y aún así no tiene para cancelar la deuda?
Y la señora sólo sonrió forzosamente y no dijo nada...
-¿Ya leíste este? Me dice mientras coge un libro de Dan Brown
Sigo su juego, escojo algunos títulos. Le digo que volveré pero por dinero, me dice que esta semana será imposible, le digo que lo necesito y dentro de mí pienso (No quiero seguir haciendo esto...) Me dice que el martes.. o mejor el miércoles, le digo que el martes vendré, me pongo serio, ella lo nota, y me susurra, pero por favor si encuentras a mi esposo no le digas que vienes a cobrarme... dile que vienes por libros, él no sabe nada...
Al retirarme con la bolsa negra de libros, veo a la gente mirarme, me siento partícipe de ese mercado, camino rápido, y siguen mirándome, cruzo la avenida, y siguen mirándome. Ya a lo lejos miro la fachada de aquel establecimiento, veo estudiantes de universidades e institutos que quedan muy cerca de allí..ingresan... compran....
Bueno.... al menos no soy el único, me digo, y me siento estúpido por haber dicho eso.
Aunque ya lo hice.
Es cumpleaños de mi cuñado, recuerdo que ayer mi mamá dijo que subiera a desayunar. Miro mi reloj, no... ya es tarde. ¿Siempre tengo que llegar tarde?
Veo la ruma de libros que hace unos días adquirí: Unio Mystica “Sufismo” de Osho, “Los ojos de mi princesa” de Cuauhtémoc Sánchez, “El Zahir” de Coelho, “Fortaleza Digital” de Dan Brown, “Delirio” de Laura Restrepo, “Vida, amor y risa” de Osho nuevamente...
Cada objeto, tiene cosas que contar, al ver esos libros recuerdo que hace dos días fui a cobrar una “deuda eterna” a una señora a la que se le ocurre pagarme con libros... piratas, es verdad, pero vamos, no hay otra forma de poder cobrarle.
Y es así como llegan a mis manos estas copias. Cuando voy al stand de esta señora, en “esa” galería comercial en el centro de Lima, el aire, el ambiente, las miradas desconfiadas, lo prohibido, lo ilegal se siente, se huele, es imposible no poder percibirlo. Algunos Stand exhiben en la fachada de sus negocios libros originales, pero solo es “pantalla” Los clientes que vienen aquí saben bien que no vienen a comprar un original, y mucho más aun los vendedores.
Ubiqué el puesto de venta de la señora, un Stand a medio cerrar, ella en la esquina observando atentamente cualquier eventual comprador, seleccionando, distinguiendo, analizando sus rostros : “Sólo vendo a conocidos nomás, hay veces en que vienen policías vestidos de civil...” Me dice la señora ya adentro del Stand, filas de libros, vitrinas repletas, pedidos embalados en papel “Para provincia...”.
Casi como acto protocolar le recuerdo la deuda, y como acto autómata me responde: “Acabo de pagar algunas cuentas... Justo hace un ratito...”. Me parece irónico el que hasta hace unos instantes al preguntarle sobre la demanda de ese libro que regale a mi sobrino Angel y que jamás leyó: Harry Potter: “Uy ese libro “rayó” Tuve que amanecerme para comprar un lote, felizmente valió la pena, me vendí casi 800...”
-(¿...?) ¿Ochocientos? y ¿a cuánto los vendió?
-Bueno... Ni bien salió a 12 soles... había que sacar provecho....
-¿Y después?
-Después cuando toda mi competencia ya tenía el libro, a 10 nomás...
-Uhmm ya, ¿y aún así no tiene para cancelar la deuda?
Y la señora sólo sonrió forzosamente y no dijo nada...
-¿Ya leíste este? Me dice mientras coge un libro de Dan Brown
Sigo su juego, escojo algunos títulos. Le digo que volveré pero por dinero, me dice que esta semana será imposible, le digo que lo necesito y dentro de mí pienso (No quiero seguir haciendo esto...) Me dice que el martes.. o mejor el miércoles, le digo que el martes vendré, me pongo serio, ella lo nota, y me susurra, pero por favor si encuentras a mi esposo no le digas que vienes a cobrarme... dile que vienes por libros, él no sabe nada...
Al retirarme con la bolsa negra de libros, veo a la gente mirarme, me siento partícipe de ese mercado, camino rápido, y siguen mirándome, cruzo la avenida, y siguen mirándome. Ya a lo lejos miro la fachada de aquel establecimiento, veo estudiantes de universidades e institutos que quedan muy cerca de allí..ingresan... compran....
Bueno.... al menos no soy el único, me digo, y me siento estúpido por haber dicho eso.
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