Bienvenida

Los ladridos de un perro encienden mis sentidos e instinto de protección. Son las 7 de la tarde, pero pareciera que en aquel pueblo no habitase nadie. Luces tenues se cuelan por debajo de de las puertas de madera y ventanas con apariencia de abandono. El frío en mi yerta mejilla parecen cohibirse ante mis helados falanges ( ¡Demonios por qué no traje guantes!), y no hago mas que andar con sigilo y penetrar en el perímetro de aquel canchón sin puertas de bienvenida. Oigo el zumbido de insectos tan cerca que parecieran danzar enrededor mío, bajo lo cómplice Luna de aquella noche.
Distingo a lo lejos un cuarto de paredes de adobe. El sobreaviso de mis padres en encontrar al vigilante me hace sospechar que allí habita. Siento una súbita mirada y me veo preso de mi cesantía, distingo su mirada... una corriente de temor recorre mi cuerpo y los dedos me sudan. La mirade de ese can blanco de manchas negras y su mirada casi humana, mostrándome los colmillos en posición de ataque que siento tan vulnerable mi cuello. De pronto la atención del perro y la mía se centra en el crujido que produce al abrirse esa puerta de madera, imaginé ver al vigilante del que me habían hablado, pero veo sali a una anciana y su bastón. El rojo de su chompa contrastaba con la sensación de suspenso que me produjo. Su caminar es lento, aún no puedo ver su rostro.
-Quinibush! Pasa!.- grita escuetamente la anciana, y el Can obedece.
-Buenas noches señora.- digo de manera cordial, sientiendo el alivio de perder la amenaza del perro.
-Señorita!

-Disculpe, creo que usted no ve bien, soy varón.

-Ya lo sé hombre! digo que soy señorita...!.- Y lanza una carcajada que resonó por toda ese enigmático lugar. Soy la Señorita Victoria, y él es mi perro Quini Bush.- El animal se esconde moviendo la cola, tras las piernas arquedas de la anciana mujer, la impresión de bestia se esfumo de inmediato.
La anciana no alcanza el metro y medio de estatura y en su rostro a luz de luna pude distinguir el resplendor de un diente de oro, al parecer el único que le quedaba a la desdentada anfitriona, sus ojos celestes y rasgados enmarcados en lo rugosidad de su piel, y el flequillo blanco de sus canas completaban el perfecto paisaje que se formó.

-Buenas Noches "niñucha", te estaba esperando.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Resistencia