Ladrones en la Costa Verde

Mi buen amigo Fredo,
Ayer lo vi después de mucho tiempo
Sumamente grato lo saludé (con abrazo incluido)
A lo que él correspondió de buena manera
Pero su esmirriado rostro
ya no se ensanchaba
Con esa sonrisa natural y bonachona
Y es que sus ojos chinos (que son capaces de regalar
Una dosis de alegría gratuita)
Se difuminaba en una mirada triste y sombría

¿Qué te aqueja chinin? Pregunté contrariado
Miró al piso y guardó silencio
Sospechaba yo que tal vez una mala mujer
De esas que rondan su vida bohemia
De músico trajinador por escenarios
Testigos de su mágica guitarra
Y su arte matrero, ducho, curtido
De endulzar mozuelas
Que impulsadas por la nostalgia
Abarrotaban los conciertos
De música ayacuchana
Sufridas ellas, gritando (más que cantando)
El tema “Amor Amor” de un dúo de hermanos
Que ahora la prensa llama Los Caín y Abel del folclor

Entonces escuché su última aventura primaveral
El buen Chinín con las técnicas ya conocidas
Y muy bien ufanadas en reuniones
Citó a una admiradora a pie del Farol de Miraflores
En una playa que tiene muy bien ganada una respetada fama
De encuentros “al paso”
A horas no muy adecuadas para un par de jóvenes
Que guardan la cordura y las buenas costumbres (sí, claro)
Hora exacta, y el encuentro consumado
Bajo un cielo sin estrellas
Pero qué rayos...
Al menos estaba el mar y su bruma
La oscuridad y su placentera complicidad
Y mientras el asiático narraba imparable
aun con incomprensible pesar
mientras yo sólo podía pensar para mis adentros
¡Chino de la san flauta!
¿Estás contándome tus perínclitas correrías para sacarme cachita?

Pero después mi buen amigo y enjuto oriental
Confeso el por qué de su pena
Lo cual (y me siento mal por ello) me causa tamaña gracia
Que casi no pude disimular
Sucede pues que en plena comunión
De cuerpos que ceden ante la aventura despreocupada
Tan despreocupada que ignoraron algunas advertencias
(craso error)
Que por allí podían aparecer ciertos indeseables y amantes
No de amor... sino de cosas ajenas

Era tarde ya cuando quisieron reaccionar

-Eran 4! Eran 4! ¿Yo qué podía hacer? Sólo correr....

Y vaya que corrieron,
al vuelo cogieron algunas ropas y mochilas
Y presas del pánico y ambiente tenebroso
(Una playa desierta a media noche)
Se adentraron a la mar
(que seguro también reía, como yo ahora)
Aterrados, temiendo por su vida
Ignorando que no es verano
Y que la marea no está precisamente calmada
Y mucho menos el agua tibia

Pánico de ser asesinados, una noche en la playa
Aviva cualquier intención de supervivencia
Te entiendo chinín, nadie quiere morir joven,
y mucho menos calato.

Lo que sucedió después lo oí a duras penas
Pues con la voz entrecortada el asiático
Y la no muy pudorosa damisela
Sufrieron los estragos de no haber sido aplicados
en las clases de natación en el colegio

-Al menos yo me defendía, pero ella... sólo se agarraba de mi cabeza y me sumergía, creía morir amigo! Morir! Tragué agua, mucho agua...

El nisei temblaba aun,
Y yo quería consolar a mi otrora confidente
Pero el hecho de imaginarlo
con su escuálido cuerpo
Pataleando en la noche
a luz de un farol que se cae por viejo
Y con la Costa Verde al frente,
una mujer que lo hundía más
Y con la silueta de los ladrones hijos de su madres!
Esperando a que salgan y se den por vencidos
Aunque cuenta el buen chinin que se retiraron
Y pienso que tal vez de lástima
al ver la épica escena
o tal vez de que los inculpen de asesinato
de unos libidinosos amantes
de medianoche.

Está demás decir que terminaron en el hospital cercano
Y que parte de la ropa que llevaban en la mano
La traviesa marea se las arranchó
Por lo cual llegaron semidesnudos
Asustados, avergonzados y lógicamente temblorosos
Ante las miradas de los curiosas enfermeras
Que así como el generoso taxista
que los condujo presuroso al nosocomio
-a cambio de un Swatch acuático-
rieron sin parar (al menos no soy el único)
El diagnóstico: Hipotermia y Neumonía
Y eso sí no es cosa de juego
Aunque ya está bien...
Y la dama recuperándose...
El precio de lascivo y rijoso actuar del mi buen amigo el “matador de buena lid”
el Entrañable Chinín vaya que esta vez trajo consecuencias...

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