.:Veretne Camila:.

Un tatuaje marcaba tu vida pública, al terminar el camino de tu cuello hacia tu cintura, en esa pálida piel transpirada, con aquellos movimientos en trance subliminal. Te perdías entre esa luces multicolores y aquel sonido de bateria que aún retumba en mis oidos, y los rezagos se presentan en este insoportable zumbido.que me recuerda esos valles mil veces recorridos, cien mil veces explorados, y millones de veces gastados.
Pero aún te guardas, perdida tu risa en saliva de aquellos extraños que se te acercan y les dejas entrar. Me imagino el despertar de tu cuerpo, marcado, no solo con ese tatuaje tribal, sino con tu risa complaciente de aquella noche en que perteneciste a esas manos que dibujaban tu extrema soledad, descarada soledad, irritable soledad.
Siento las manos adormecidas, mi respiración es corta, ya tus cabellos no juegan a perderse entre las yemas de mis dedos, ya no percibo tu perfume barato, ni tu risa fabricada, el aire me sabe aún a tu lejana presencia, sin embargo, no me arrepiento de haber llegado a tí. Eres mujer noche, tan lejana, tan pública... alcanzaste a decirme:

-¿Qué es la felicidad? yo, no la conozco.
-Yo tampoco, pero no dejo de buscarla.-repuse-.
-Yo también la busqué, creía tenerla, y el momento menos pensado desperte en un lugar como este, aquí donde me encuentras. No me mires así... -Dijo mientras bajaba la mirada apenada.
-Te miro con amor, con ternura, porque eres la de siempre, y estas ropas no te hacen ser diferente; no sé lo que te ha llevado a estar aquí, no sé lo que te aflige tanto, pero hoy sólo puedo ver aquella niña con su traje escolar y pendiente a que le preste mi cuaderno de matemáticas y rogándome a que le enseñe Algebra.
-Tómame entre tus brazos- una lágrima rodaba surcando una línea negra de rimel que se perdia en las comisuras de sus labios.- Tómame André, cierra los ojos y mírame con esos ojos que nunca vi mas, mirame como tú sólo podias hacerlo, y ámame, como cuando teníamos 16 años...
-Cierro mis ojos y te veo bajando del auto verde de tu papá, tu uniforme tan impecable que no desentonaba con tu orgullo y con las fantasías que encendías a los que te veíamos bajar... Primero, la puerta que se abre, tu beso en la mejilla a tu padre, tu pantorrilla asomando, y ese brillo de tus zapatos... el frágil movimiento de tu falda escocesa, tu cintura... y finalmente tu piel, tu cabello castaño y esa sonrisa que iluminaba el colegio, y entonces eras feliz Camila, y era feliz yo con tan sólo verte.
-Mírame asi Andre, mírame de esa manera, hazme creer que son las 7:30 a.m. de esas mañanas antesde ingresar al colegio, ¡mírame asi! ¡te lo exigo! y no te apenes de mi, no llores por mí tampoco...
-Camila, qué haces aquí, ven conmigo, déjame así agradecerte por haberme hecho soñar por tanto tiempo con darte un beso...
-Puedes besarme ahora- Y los ojos vidriosos de Camila exigía ser besada y rogaba un beso del Andre de 16 años.
-Camila, no compraré este beso... no lo haré, solo olvida estas luces de neón, olvida estas risas, este murmullo, olvdia estas sombras, olvida estas ropas, y vuélvete Mi Camila, vuélvete Tú...
-Soy yo André, soy yo... Bésame...
Y no se dijo más, y no hubo más, no hubo un presente, ni un mañana, el beso ascendió en un pasado que ambos conocían, y Camila beso al Andre de 16 años, y André beso a la Camila de 16 años, no se sabía de los 10 años que habían transurrido, no se sabía de muertes, no se sabía de abandonos, no se sabía de hoy, no se sabía de lágrimas...
Aquel lugar de cuerpos semidesnudos y embriagados se convirtió en un momento de una mágica ilusión llena de amor inocente y puro... y después de ese beso, ya perdido.

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