.:Brasil-Este:.
Iba yo en el micro que me llevaría al trabajo, atento como siempre a cada detalle que sucede enredador mío. Y es que si algo he aprendido es hacer de una rutina que para otros resulta agobiante, monótona y hasta deprimente, un momento de clara prestación, de sentidos sumamente atentos a cualquier seña, detalle o algo que pueda ver más allá.
Cada mañana en el micro me convence el concepto de ser una clara muestra de una sociedad que muestra sus costumbres, sus carencias, su miseria, el despertar de su día, su sueños, anhelos, preocupaciones, miradas por aquí, y por allá que se cruzan con las mías, muy curiosas por cierto.
Anteayer en la mañana pude ver ese rostro de extrema preocupación, eran las 7 de la mañana, cabello castaño (seguramente pintado), mirando tras la ventana del carro viendo las líneas blanca de la pista pasar, una tras otra, y ese rostro femenino impávido, en trance, eso sí muy preocupada, sus cuadernos encima de la mochila que descansaba en sus piernas… ¿Pensaba en el examen de la Universidad? ¿En la discusión con enamorado? Tan ida resultaba su mirada que parecía que dormía con los ojos abiertos. ¿Qué puede afligir a una joven de aproximadamente 17 años? Existe tantos sentimientos en el aire, que simplemente lo denso del ambiente del micro evidenciaba una mañana tan gris como el cielo de Lima.
Y vi un ligero brillo debajo de los cristales de sus anteojos, ella había expulsado una lágrima, su mirada aún vacía, y una lágrima no secada. Con la frenada abrupta del chofer parecía reaccionar, me miro de reojo y yo disimulé no haber visto nada, levantó sus cristales, como quien los limpia, mientras borraba cualquier evidencia de dolor, se acomodó el cabello, con la mirada ya vuelta -de sabe Dios donde- miró la ciudad, se ubicó, guardó los libros que no leyó, y se apresuró a decir: ¡Baja Canadá!
Usé el asiento vacío –y calientito por cierto- que dejó. Eso sí, pareciera que en lugar que ocupaba hubiese dejado un poco de su pena, pues de pronto me sentí un poco melancólico.
Metros más allá, una madre hacía repasar a su seguramente hijo las tareas por hacer, él muy travieso se distraía con la música que el chofer acababa de sintonizar de una radio de línea romántica. Me resultó graciosa la manera de cómo cantaba el tema de ¿Floricienta? O algo así: “Porque me quedo muda...” y el niño hacía las mímicas mientras cantaba, definitivamente no pasaba desapercibido y no era mi única mirada que presenciaba dicha escena. Ya la madre con un tono más fuerte decía:
-¿Al sur del Perú queda…?.- El niño detenía su distracción y respondía:
-¡Chile y Bolivia!
-Muy bien hijo, ¿Y al norte?
-¡Al norte queda Brasil! -La madre con un gesto negativo le dijo la respuesta: “Al norte Ecuador hijo, Ecuador” Acuérdate por Norte, termina en “E”, y con “E” empieza Ecuador, ¿ya? También Colombia.
El niño en su mundo asentía.
¿Y por el Este?
-Por el este queda… El Océano pacífico…
-No hijo, Acuérdate, El océano pacífico empieza con “O”, “O” de Oeste… Por el Este queda Brasil, Brasil de… -Y la madre intentaba relacionar Este-Brasil -tan preocupada ella, no pude deja de conmoverme- Aún seguía sin hallarle relación alguna y entonces el niño dijo:
-Ya mami, no te preocupes, ¡Esa si me acordaré!- y en un entusiasta impulso, cual resortes sus pies se abalanzó a los brazos de su madre, y se puso a cantar…”Porque sin ti ya no hay mas vida…”
Y en esa escena me quise ver así con mi Madre, quise estar en el 2 de primaria y mostrarle el 20 que había obtenido en el Dictado de mi señorita Meche. Pero el recuerdo sólo me trae a una autoexigencia mía, me presionaba tanto que no concebía sacar un 19, me recriminaba de tal forma que me sentía un tonto al haber fallado al escribir Fosforecente en vez de Fosforescente, esa maldita S que hizo que llorara aquella mañana en el baño de aquel Colegio estatal.
¿Alguien hacía las tareas conmigo? ¿Alguien me ayudaba a memorizar para el examen del día siguiente? Intente consolarme con algún vago recuerdo, pero es en vano, la verdad ni sé por que me exigía tanto, tal vez para llamar la atención, o para no ser la sombra de mi hermano mayor, pues él también era uno de los primeros de su clase. Ahora ya con mucho años transcurridos puedo asegurar ello. Por llamar la atención, de mis cuatro hermanos mayores, pero más aún de mi Madre que nunca se esforzó en relacionar a Brasil-Este.
Cada mañana en el micro me convence el concepto de ser una clara muestra de una sociedad que muestra sus costumbres, sus carencias, su miseria, el despertar de su día, su sueños, anhelos, preocupaciones, miradas por aquí, y por allá que se cruzan con las mías, muy curiosas por cierto.
Anteayer en la mañana pude ver ese rostro de extrema preocupación, eran las 7 de la mañana, cabello castaño (seguramente pintado), mirando tras la ventana del carro viendo las líneas blanca de la pista pasar, una tras otra, y ese rostro femenino impávido, en trance, eso sí muy preocupada, sus cuadernos encima de la mochila que descansaba en sus piernas… ¿Pensaba en el examen de la Universidad? ¿En la discusión con enamorado? Tan ida resultaba su mirada que parecía que dormía con los ojos abiertos. ¿Qué puede afligir a una joven de aproximadamente 17 años? Existe tantos sentimientos en el aire, que simplemente lo denso del ambiente del micro evidenciaba una mañana tan gris como el cielo de Lima.
Y vi un ligero brillo debajo de los cristales de sus anteojos, ella había expulsado una lágrima, su mirada aún vacía, y una lágrima no secada. Con la frenada abrupta del chofer parecía reaccionar, me miro de reojo y yo disimulé no haber visto nada, levantó sus cristales, como quien los limpia, mientras borraba cualquier evidencia de dolor, se acomodó el cabello, con la mirada ya vuelta -de sabe Dios donde- miró la ciudad, se ubicó, guardó los libros que no leyó, y se apresuró a decir: ¡Baja Canadá!
Usé el asiento vacío –y calientito por cierto- que dejó. Eso sí, pareciera que en lugar que ocupaba hubiese dejado un poco de su pena, pues de pronto me sentí un poco melancólico.
Metros más allá, una madre hacía repasar a su seguramente hijo las tareas por hacer, él muy travieso se distraía con la música que el chofer acababa de sintonizar de una radio de línea romántica. Me resultó graciosa la manera de cómo cantaba el tema de ¿Floricienta? O algo así: “Porque me quedo muda...” y el niño hacía las mímicas mientras cantaba, definitivamente no pasaba desapercibido y no era mi única mirada que presenciaba dicha escena. Ya la madre con un tono más fuerte decía:
-¿Al sur del Perú queda…?.- El niño detenía su distracción y respondía:
-¡Chile y Bolivia!
-Muy bien hijo, ¿Y al norte?
-¡Al norte queda Brasil! -La madre con un gesto negativo le dijo la respuesta: “Al norte Ecuador hijo, Ecuador” Acuérdate por Norte, termina en “E”, y con “E” empieza Ecuador, ¿ya? También Colombia.
El niño en su mundo asentía.
¿Y por el Este?
-Por el este queda… El Océano pacífico…
-No hijo, Acuérdate, El océano pacífico empieza con “O”, “O” de Oeste… Por el Este queda Brasil, Brasil de… -Y la madre intentaba relacionar Este-Brasil -tan preocupada ella, no pude deja de conmoverme- Aún seguía sin hallarle relación alguna y entonces el niño dijo:
-Ya mami, no te preocupes, ¡Esa si me acordaré!- y en un entusiasta impulso, cual resortes sus pies se abalanzó a los brazos de su madre, y se puso a cantar…”Porque sin ti ya no hay mas vida…”
Y en esa escena me quise ver así con mi Madre, quise estar en el 2 de primaria y mostrarle el 20 que había obtenido en el Dictado de mi señorita Meche. Pero el recuerdo sólo me trae a una autoexigencia mía, me presionaba tanto que no concebía sacar un 19, me recriminaba de tal forma que me sentía un tonto al haber fallado al escribir Fosforecente en vez de Fosforescente, esa maldita S que hizo que llorara aquella mañana en el baño de aquel Colegio estatal.
¿Alguien hacía las tareas conmigo? ¿Alguien me ayudaba a memorizar para el examen del día siguiente? Intente consolarme con algún vago recuerdo, pero es en vano, la verdad ni sé por que me exigía tanto, tal vez para llamar la atención, o para no ser la sombra de mi hermano mayor, pues él también era uno de los primeros de su clase. Ahora ya con mucho años transcurridos puedo asegurar ello. Por llamar la atención, de mis cuatro hermanos mayores, pero más aún de mi Madre que nunca se esforzó en relacionar a Brasil-Este.
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