No conozco mayor certeza, que tu fe. No conozco mayor certeza, que tu amor por tus hijos. No conozco mayor certeza, que tu cálida voz en medio del frío en la noche incierta. Esa voz que envuelve y que asegura: Es un nuevo día. Caminaste mucho, descansaste poco. Tu trajín de las mañanas, con el cielo aún oscuro. en tu mente miles de pensamientos, encomendándote siempre por nosotros. Caminaste mucho, por el Perú y el negocio, con mi papá al volante. En la cabina del camión y cargada de mercadería sorteaste malos tiempos siempre de frente, siempre al frente. ¿Cómo hacías, querida mami, para poder seguir? ¿Quizá tu madre Luciana te hablaba en pensamientos? Es esa fe, inquebrantable, que resplandece, siempre. Como las flores que te encantan, ves fortaleza en el pétalo, ves suavidad en el tallo. Al viento, como la raíz mas alta. Porque para una hacedora como tú, no existen los imposibles. Caminaste mucho, mami, y que poco descansaste. Tu tienda en la calle Hospital aún tiene tus recuerdos. ...
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Saim Sece Diputse...
Un auricular que se deja caer Un suspiro en tu nombre Unas sábanas revueltas por tí Una habitación Una casa Que se inunda Que deja de ser cemento Para estremecerse Con tu voz Y el hielo, No es el único que empieza a derretirse... . . . . . . Todo está oscuro Alguien me mira, Lo sé . . . . . . . No No es tu corazón es tu voz interna que golpea . . . . . . . . . Temo a las sábanas y todo lo que ellas callan . . . . . . . . . . . No me dejes partir el viaje es pesado y detesto llorar . . . . . Odio ser práctico pero... date una ducha y vístete (Eso yo no lo dije) . . . . . . No hay pesimismo hombre...! Es sólo una manifestacion de realidad . . . . . . Esos últimos versos que escribiste en mi cuaderno espìral, eso que rompí y quemé, eso que me dijiste que leyera, No... no es justo C. No es justo escribir impunemente, haberte ido y minar cada centímetro de tierra. . . . . Tengo dos opciones, seguir escribiendo tonterias o intentar una vez más dormir . . . . Qué lastima que no tenga...
Anhelo
y el revoltijo que tengo en mi cabeza empieza a fluir inconteniblemente: cuando la nada se ansía, se espera, y es anhelo... Anhelo. Anhelo poder no sentir, sólo unos segundos no sentir este frío en mis hombros y mis rodillas, no escuchar el sonido de este teclado ni el silbido de mi pecho. Expectorar de raíz esto que hace que me acueste y me cubra de sombras para escapar una vez más de ellas y prender esto y escribir y borrarlo, echarme de nuevo y volverme a sentar para luego solo decir: que no puedo decir nada. Quiza sea esto que ato en mi garganta, que me hace transpirar en esta noche, que es la tercera vez que me lavo las manos y me siento nuevamente sucio, y camine por estas esquinas saludando al techo, tomando el quinto sorbo de agua, brindando con el caño y el espejo que pinta mi cuarto de ese gris callado y gélido, que me diga nuevamente que necesito pintar las paredes y cambiar de lugar los muebles, que siento que alguien camina por aqui mientras ya de cansancio caiga entre sáb...

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