Parque el Olivar

Parque El Olivar


Y fue entonces que caminamos entre la espesura de la niebla, perdidos. Había llorado en mis brazos minutos antes, y parecíamos no recordarlo; en cambio, la oí, despacito, como susurrando una pregunta inocente, hasta algo avergonzada: ¿Dónde estamos? En realidad no sabía la respuesta. Lejos. Atiné a decir. Miró a su alrededor, los enormes árboles de aquella noche se emergían no solo como robustas manifestaciones de fuerza, sino que sus brazos acorazados dibujaban en la alameda sombras, que mezcladas a las nuestras nos revelaba la fragilidad de unos pasos, perdidos, yendo a ninguna parte. Su mano y la mía son como tierra y raíz, pensé.
Es bonito, dijo.
Lejos, es bonito.
Caminamos aquella noche, lo recuerdo como algo lejano. Quizá sabía yo que mientras avanzábamos dejábamos algo más que huellas invisibles. A contra luz de algún faro amarillo, al costado de una banca de cemento, de espaldas al lago. Me pidió que me aleje. Que la deje sola. Fue entonces que todo me supo a recuerdo, que estaba viviendo una escena comprometida con algún tipo de despedida. Respeté su silencio, me quede callado… Ya para entonces había creído que todo era parte de alguna historia, la nuestra. Ya para entonces estaba convencido que éramos personajes protagonistas de nuestra propia historia. Supe que voltearía hacia mí, la esperé. Tomo su tiempo, pero lo hizo. Giro hacia mí y me abrazó fuertemente como aferrándose, como intuyendo algo esa fría noche, me sentí culpable, escondió su rostro en mi hombro, pero vi, ese brillo que aún cala en mí, ese destello de luz, como el de la luna en el lago, un fulgor mas, entre sus lágrimas y el faro amarillo que cabizbajo nos cobijaba en esa fría noche de mayo.
Fue entonces que caminamos entre la espesura de la niebla, complacidamente perdidos, había llorado minutos antes y me confesó que me amaba.
Fue la última vez que la vi.
Supe que esa sensación de recuerdo era propia de un corazón afiebrado de melancolía.
Hay noches que regreso al lugar, debajo del faro que aún permanece humilde allí, los árboles siguen con su imponente figura, y siento… que hace mucho más frío, busco mi sombra en el pavimento y la creo tan pequeña que no logro verla, miro el lago y siento que sus brillos incesables son como manifestaciones de delicadeza, que brillan como lágrimas nuestras, como recuerdos y es entonces que la veo. Siento su abrazo, la música de sus sollozos, es entonces que la siento, es entonces que vuelvo a mi lugar, y olvido que no tengo ya un cuerpo. A veces, me gusta contemplar a las parejas, y, aunque no me vean, y no las pueda oír. Imagino que ellas les preguntan dónde están, y ellos les responden que Lejos. Y es que es bonito, Lejos es bonito mientras ese momento se haga eterno.


Mayo, 2010
Rónal Amaru Huallpa.

Comentarios

Monarcaxx dijo…
Lejos se convierte en cerca cuando se desee recordar.
Saluditos VEnitas!! :)
Amèn. dijo…
Recordar es volver a vivir ,a sentir ,a amar ,a besarr ... recordemos lo bueno y lindo de una relaciòn pasada ,eso vale la pena.

AlmnAmn

BuenBlog,TeSigo.

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