Cómo anduvimos por las calles céntricas de Lima, cómo comprobamos ya que las tiendas estaban vacías y las librerías empolvadas, que la gente le teme a su propia voz, que apura el paso y deja que el tiempo pase.
Cómo anduvimos, despacio, leyendo en las grietas de las paredes versos eternos de poetas ya enterrados, dime cómo es que aún creemos que podemos, que no es difícil, que nada es difícil para nosotros.
Estas callezuelas grises ya han recibido miradas de desprecio y sin embargo hay viejos vates que han impregnado en ellas esa tristura de saber que aquella voz suspendida ha de descender con su muerte. Será talvez el círculo eterno de quienes creemos que esto que encerramos no ha de morir con nosotros, habemos expulsado entonces frases sin sentido, desquicios generosos que nos permitieron ser esto que dejamos crecer, y que dejamos escapar, como hijos de la maleza o como la lenta agonía que nos significa exhalar un retazito de nosotros mismos, ya con otro nombre y otro verbo…
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Cómo anduvimos desposeídos de toda cordura, expulsando eso de lo que tanto nos quejábamos y sin embargo, ya cansados queríamos recuperar. No puedo sino más que recordar esas sábanas que jamás fueron nuestras, esas luces multicolores que iluminaban algo de tu piel y algo de alma y lo demás eran sombras, sombras que se escondían por entre las sábanas, sábanas que terminaban debajo de esa cama, que tampoco fue nuestra. Vi el cabello germinado en un azul violeta, la espalda en rojo sangre, tus manos atando mis hombros, dime, ¿Qué color tenía? ¿Que color de fluorescente preferías encender para contar mis lunares y dibujar mis cicatrices? Sé la respuesta pero quedará en mí, como todo esto que atesoro, y que pierdo, como a la vida misma, como a ti.

Cómo te atreviste, pequeña, a hablarme de muerte, y de la muerte de la muerte, como si no fuera carne lo que tocabas de mí, y no fuera sangre lo que bebiste de mi muñeca lacerada por el cenicero de vidrio roto. ¿No fue suficiente acaso? ¿No fueron estos brazos que te contuvieron hasta quebrarme en llanto mientras te creía muerta? Y sí, habías muerto por quince minutos y yo con ellos, cómo olvidar, pequeña, que tus ojos y su brillo se habían ya unido al vacío de mi habitación, que tu cuerpo desnudo tendía sobre mi cama y de mis esfuerzos inútiles por hablarte, por mojarte con mis lágrimas para que vuelvas a despertar, una vez más, que me des una oportunidad más, una más y no tener que levantar esos frágiles brazos, esas delicadas y frías manos que rozaban ya el piso, y creer…. Creer que hace tan solo unos minutos ambos forcejeábamos un cuchillo, y que ese día no derramamos una sola gota de sangre, fue algo más que eso, algo más.
Sé, pequeña, que dónde estés recordarás esos días, que parecían noches, que amanecimos encadenados el uno del otro y sin embargo éramos tan libres, como esta libertad que me ha alejado de ti, que te ha llevado por esos páramos de los que tanto soñábamos hasta quedarnos dormidos de amor. Recordarás, donde estés, que el ser de tu vientre fecundo siempre fue mujer, y tenía un nombre, y era niña, y es niña, y eres tú. Vesania nos sonreirá muchas veces y nosotros despojados ya de cuerpo seremos de ella, yo el viento y tu la brisa, que la toquen y la inspiren mientras juegue sin tiempos ni miedos por las quimeras en las que tú jugaste a su edad, serás tú y seré yo, más que tiempo, más que algún lugar, seremos eso de lo que nacimos, a lo que nos dirigimos y de lo que jamás sabremos definir, eso que me permite escribirte a estas hora de la madrugada mientras este llorando al recordarte y sufriendo ya tu inevitable despedida, oyendo tu voz calmando mis miedos y tus yemas viajando en mi piel, como las veces que nos amábamos siendo niños, tú libre trepando un árbol y queriendo volar, yo escribiendo versos debajo de mi cama, esperándote desde ese entonces, quejándome de tu retraso, pero de qué sirve las quejas y los lamentos, de nada más que ese pasado que nos ha permitido ser esto que somos… dos niños que jugaban a vencer sus demonios, dos tiernos masoquistas que lo vencieron y que ahora uno te escribe, llorando, mientras tú sueñas… sí, estoy llorando y algo mío llora dentro de ti, como el llanto vivo de la voz que nace, de la vida que se forma, del corazón que empieza a latir… mientras tú sigues soñando y te alistas a partir.