Cómo despertar con Giacosa y Hildebrandt


El encuentro de unas cabecitas blancas, atrás, un fondo virtual en tercera dimensión. Sus voces me despiertan de mi letargo. Aún con pijama y sin la noción cronológica debida, acomodo mis dispersadas almohadas para escucharlos, tienen tanto qué decir.
Uno de ellos, el entrevistador, que mas que ello es un conversador exquisito, tiene barba blanca y ríe cual tierno niño haciendo travesuras en un mundo ya condenado. El entrevistado, desea mantener la postura estrictamente intelectual, pero se entrega al hilo sutil de la conversa, desechando el parámetro de frío, calculador y distante. Ambas voces atinadas, bajo unas convicciones inquebrantables, en un tono acorde a un… sí es domingo, es de mañana, y una vez más, dormí con el televisor encendido.
“De vez en cuando viene bien dormir” afina el cantante que advierte que acabó el primer bloque de la entrevista y es hora de ir a "comerciales", bueno, comerciales entre comillas y en cursiva, pues se trata de un canal estatal y la publicidad allí es tan escasa como lamentablemente estos programas, que no se rigen bajo los hilos “invisibles” (también en comillas y en cursiva) de un línea editorial que se vende al mejor postor.
Ellos lo saben, y lo disfrutan. El conductor del programa, Guillermo Giacosa, pregunta si César Hildebrandt extraña a la televisión, (o mas bien dicho a su programa político y polémico más sintonizado de la televisión peruana) él rápidamente responde que es un tema que no le quita el sueño, y recalca una vez más, que se preocupa más en el cultivo mental y su entereza periodística. Subraya, además, que los anticuerpos generados en su ex–casa televisora nació claramente desde que hizo una entrevista equilibrada a un entonces vapuleado candidato a la presidencial, Ollanta Humala. “Es que no lo llamé ‘Cachaco Mediocre pues’ como sí lo hizo mi hermanastra Martha”.
Y así ese brillo desquiciado en su mirada, orgulloso de sí mismo, riéndose de los dueños de los canales de televisión y sus intereses de condonación de deudas con el estado, tratados bajo la mesa, corrupción, corrupción, corrupción… haciéndome recordar, mientras plácidamente y son una sonrisa de costado permanezco echado, que tal andamiaje de los medios de televisión por elevar la figura sacrosanta y pura de Lourdes Flores… cuando en realidad sólo hacían infectar con su estupidez unas elecciones que, con sus acciones obedientes a sus intereses, no hicieron mas que ser contraproducentes en el electorado. Y César se ríe de ello, porque sabe que esa prensa trata como “indigentes mentales” a los que se tienen que tragar sus programas periodísticos, los Delgado Parker, los Vera Abad, Los Ivcher, y su frente inquebrantable y sólida de exigir respeto por la libertad de expresión, cuando sólo se venden como figuras lambisconas ante el poder que les conviene, que mejor se les acomoda. ¿Indecopi les suena algo? Y Guillermo se mueve en su silla atinando y añadiendo, que el liberalismo político es muy distinto al liberalismo económico. Y hablan de Dios, que para ellos no existen, y de Literatura comentando sobre Vargas Llosa y su decepción del mismo por criticar a su otrora ídolo Sastre, mientras se quejan del mundo y ratifican que el mismo se va yendo a la misma mierda, recuerdan a Videla como el peor gobernante de esta parte del hemisferio, "Incluso peor que Trujillo" y a la dama de hierro Tatcher versus el general Galtieri que mandó al frente de guerra a jóvenes con armas que causaban risa al imperio inglés… Ambas cabecitas blancas e iluminadas me despiertan ya… hacen que me levante de un impulso fuerte y decidido mientras no encuentro mis pantuflas como tampoco encuentro algunas creencias... aunque…“debemos no caer en la seducción de ser nihilistas” dicen… porque aún existe, la esperanza… de poder creer.
Vaya que sí, y más cuando se está enamorado.
Pd: Gracias por llamar…
Comentarios
sabías que Hildebrandt se asombró de verse en un estudio verde?
Saludos.
Hace unos días César Hildebrandt, quien desde hace algún tiempo salió del aire, fue invitado por una universidad limeña para dar cátedra sobre periodismo, lo que se debe hacer en el ejercicio de la profesión y lo que no se debe hacer en ese oficio. Ante la tribuna de jóvenes estudiantes y futuros comunicadores sociales, Hildebrandt cuestionó la forma como la prensa había informado sobre el proceso electoral, los excesos que se habían cometido y, por supuesto, la pobreza de ciertos colegas para redactar sus textos. En honor a la verdad debo decir que mucho de lo que Hildebrandt dijo es cierto. De que hubo favoritismo, es verdad; de que muchos medios no fueron honestos, también es verdad; de que hay colegas (si se les puede llamar colegas) que no tienen idea de lo que escriben y que algunos incluso escriben con las manos enyesadas, es tan real como que existen el bien y el mal.
Me pregunto, sin embargo, si Hildebrandt tiene autoridad suficiente para hacer esas críticas. Para comenzar, todavía recuerdo que hace un par de años, una de sus reporteras plagió sin un atisbo de vergüenza una investigación que publiqué en La República acerca del camarada Artemio: la nota de la reportera era una copia fiel de lo que yo había escrito unos días atrás.
Claro, se podría pensar que Hildebrandt como director no sabía de la travesura de la periodista a su cargo, pero dónde queda su responsabilidad como director. ¿O es que acaso no les exigía a sus reporteros las pruebas, los documentos que demostraran lo que afirmaban en sus reportajes? Es decir, el reportero elabora una nota, se la presenta ¿y ya está? ¿El director –en este caso Hildebrandt– no pregunta cómo se obtuvo esa información? ¿No pide que le muestren los documentos citados? Eso también es un ejemplo de mal periodismo, ¿o no? Me pregunto por qué el expositor no explicó esto a su joven auditorio. Hildebrandt se rasgó las vestiduras y despotricó contra los redactores de diversos medios de comunicación por lo mal que escriben. Aquí entre nos, no se lo cuenten a nadie, pero a mí tampoco me gusta lo que Hildebrandt escribe.