Y empezó a escribir...

-Hijo, ¿te pasa algo? hace mucho que llevas sentado ahí...
Y seguia mirando al suelo, observando la nada, su nada.
-¿Qué te puedo decir? Dijo sin levantar la cabeza, sintiendo el frío en sus mejillas, estaban húmedas, como húmeda estaba su alma que tantas lágrimas bañaban.
-Sufro por amor, madre, sufro porque estoy llorando por alguien que ya no me ama, sufro por alguien que me amó, y que en mi desgracia perdí, lo que nunca entenderé es... ¿a dónde llevo tantos recuerdos? ¿Qué hago con ellos? -Giró la cabeza intempestivamente, miró directamente a los ojos de su madre, estaba pálido, habia llorado toda la noche, era la primera vez que su progenitora contemplaba esa escena, era la primera vez tambien que él le hablaba con tanta confianza.
¿Hay alguna parte del cuerpo que no sienta?
-hijo... yo sé que ahora nada puedo hacer, sólo puedo decirte que siempre hay un mañana, mañana amanecera de nuevo. -Se sentía impotente, pero sabía que debia dejarlo sólo, el paso mas difícil para una madre. Por instinto son madres, ¿Pero por qué enseñanza natural aprenden a dejarlos?.
-Lo sé... cierra la puerta a salir.
-Está bien... ¿tienes Hambre?
-Si...
-Te traeré la cena.
-No de eso mami.
Salio de su habitación en procesión, no volteó a verlo, no quería ni podía. de espaldas a la habitacíón cogió la cerradura y jaló.
Él seguía en la silla observando la... ¿nada?. El Suelo era el lienzo perfecto para pintar sus recuerdos.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Resistencia