Mi frente
hiela la sal que la cubre
El ojo de la noche
resplandece en mi piel
estoy marcado por la mano del hombre

pero sé

tengo la certeza
de que también resplandezco
en la gélida frente blanca de algún otro ser
de alguna otra sal
en algún otro lugar
sin marcas que puedan explicar su repentina tristeza.


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Y es hoy, desde tu espacio... al que temo aún, que me anticipa un lejano hincón
que me previene, con las melodías de tus ardorosos versos. Lo dije antes, lo digo hoy...
No hay mayor trascendencia que una pena que ya no es nuestra, que nos dejó en malévola travesura. Es curioso confesar que sigo desvariando al imaginar penitas humanizadas saltando como albondigas saltarinas, que se nos escapen como pensamietos desde nuestras cabecitas dormilonas, que se vayan asi, de pronto y nosotros tras ellas en una madrugada verdeoscura, hielosanta,, claraluna... y entonces la pena que nos dejo la ausencia de las penitas humanizadas. La melancolía del recuerdo de su viva presencia en los pasajes de nuestras vidas. El cuarto azul, el rostro de chaplin y una musa de cartón y témperas a la espera que su diosa artista termine su obra con nuevos pinceles que su artero compañero compro.

Y las penitas humanizadas se fueron... y las extraño. Las vi partir en fila india sin poder hacer yo nada. Pero las extraño y una pena mas grande se macera. Cuaja su lechosa esencia en unas venas rotas.

Soy un salvaje que no lame sus heridas