Segundo Intento
Este es el segundo intento…
Es Lunes, solea allá afuera
Hoy me dijeron que este lugar está muy descuidado, que el polvo se apoderó de las rejas blancas, que desentona esa “manta que usas por cortina” y que debo suplantarlo por algo mas decente, por el bien de la imagen de la cuadra..
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Trato de evitarlo,
como evita mi conciencia la espantosa regularidad del zumbido de mis oídos
Y así
Creer una vez más que no es algo patológico, que puedo evitarlo en el momento que quiera
Y sí...
Puedo evadirlo, puedo acabar seducido por la tranquilidad del silencio
Ver todo en negro y descansar una mañana en que escuche su risa cubierta
Esos ojos traviesos que me miraban como un superhéroe
Puedo quedarme así, me digo
Y en el espejo mis venas laten en mi cuello como cuerdas que quieren ahogar/me
Acallar esa voz que busca tu aliento a heno
Heno negro en noche de risas traicioneras
Y sí
Alguna vez cruzamos cargando como procesión de recuerdos tangibles
Cansados peldaños hacia el géminis
Contraluz a sombra abierta
Es cierto, lo recuerdo
Hubo niños ayudándonos hacia el camino de esa muerte
Una madre que lloró sentada en su verdad
Hubo un patio, unos cordeles que segregaban ese cielo gris
También ratas que husmeaban algún resquicio de mentiras
También estuvieron las palabras
Unas bellas palabras que me detuvieron esa tarde del despreciado génesis
Me miraste con tus ojitos saltones y tu cabecita cuadrada
Y pronunciaste,
Sólo pronunciaste
“Dios nos Ama”
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Estas noches las paso junto a un radio que desde su mesa me habla en lenguas que no puedo descifrar
La misma radio que alguna vez paseó por tus manos en tierras frías ayudándome
De noche las voces me confunden el sueño
Cansada está ya la respiración
Las venas se sueltan de mi cuello y descansan conmigo
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Fue martes
El día en que volví a reconocer a tu voz
La noche en que me convertí en un mediador
La noche en que se expulso un poema
Para dejar de existir en mi maltrecho cobijo
El día en que lo dejé partir
De mi saliva enferma
el momento en el que vomité sus vísceras hacia los oyentes
el momento en que me revolqué para menguar esas llamas
el instante en que fui tundra
el aire indolente
que regaló su pena
desde aquel asiento
con su figura agazapada
leyendo….te
ese quimérico poema que no lo es más
y lo dejé
por entre la gente, perdido
corrí muy fuerte aquella noche
entre la arena y luces menguantes agachadas como yo…
quizá temerosas de alzar su luz al cielo
quizá asustadas de saber que hay un sinfín de poemas más que vomitar...
me detuve
no puedo huir siempre, me dije
y sembré en el suelo unas migajas azules
que han de germinar aquella noche en que indiquen el camino de vuelta.










