Pedí que volvieras a mí, oré como un niño asustado que volvieras a mí con tu cálida presencia a cobijar mis paranoias, mi malcriadez, como le llamabas después de regañarme dulcemente. Te quedaba bien el papel de madre severa y disciplinada aunque detestabas que te lo dijera. No sé bien ahora si fuiste tú quien lentamente adopto el papel inconciente de madre abnegada, preocupadísima o fui yo quien con mis gestos infantiles y engreídas que condicionó esas reglas que tu y yo respetábamos bien. Claro está que a veces nos salíamos del libreto pero de eso ya no quiero hablar, no al menos ahora, que te escribo después de tanto tiempo y pienses tal vez que tenga un arranque melancólico, haré que estas líneas sean lo más prácticas posibles, lo intentaré al menos.

Pedí que volvieras a mi decía, lo más sorprendente fue que me haya arrodillado al costado de mi cama y en la soledad de mi habitación para dedicar una plegaria por mi bien, y es que, si debiera ser lo más práctico ahora, diría que me dejaste inhumanamente jodido, y no exagero eh, en mi casa y en mis amigos –que terminaron de ser mas amigos tuyos que míos- en mi cuarto y en mis discos, en mis poemas y mis perfumes, en todo por cuanto podía encontrar te hallaba a ti, sacándome la lengua y burlándote de mí.

Hasta en mis absurdos intentos de estudiar esperaba que llegues de la nada en mi facultad para corregir mis errores ortográficos, o que me forres mis cuadernos… Carajo! Por que hacías esas cosas? Para luego evaporarte entre mis manos? No lo sé… Disculpa otra vez, es solo que aun hay respuestas que busco, quizá entender por qué después de 3 años de relación, después de haberte entregado de esa manera a mi, después de haberme presentado a tus padres, de haberme regalado perfumes y escrito cursis poemas, después de llevarte a Chaclacayo a comer tamales y chicharrón en nuestro tercer aniversario, después de esa semana en que lo único seguro que haya conocido en medio de la incertidumbre de mi vida eras tú, después de todo eso… te haya encontrado besándote escandalosamente en el “Valetodo” con tu mejor amiga, si, esa pecosa de mierda que una vez quiso decirme que eras una puta, pero nunca te lo dije, supuse que sabías que clase de persona era, pero no, no, estuviste manoseándote con ella entre las luces intermitentes de esa discoteca gay a la que, desde luego, llegue por casualidad.

Hubiera sido menos traumático para mí verte con algún amigo mío, sí, sí, quiza esboces una sonrisa de medio lado ahora, pero es verdad, esos gran putas siempre te tuvieron ganas, y vaya, no los culpo por como te vestías, pero… llegar a hacer eso con esa petiza? En ese preciso instante vi como mi orgullo de hombre me abandonaba cabizbajo para pegarse un tiro en el baño de hombres. Pero vamos, de eso ya casi un año y no reclamo nada, o quizá si, el que no me hayas confiado que eras bisexual, por que lo eres, ¿no? al menos déjame creer eso.

Los días posteriores a tan espantosa escena tuvieron secuelas irreversibles, de encierro, autoexilio, no te quise ver, y no te quiero ver, cuando mi hermano menor –al que encontré un día masturbándose con tu foto- tocaba mi puerta para anunciarme que querías hablar conmigo me ponía a llorar, me escondía en mi ropero de melamina, no concebía que tú, mi pareja, mi “madre abnegada y severa”, mi mentora y dechado a seguir… haya hecho eso en esa discoteca, no a mí, a mí, que era tu niño, tu hijito como me decías.

Esta bien, lo acepto, tal vez nuestra relación no era de lo mas normal, y hasta se podría decir acomplejada a nuestras carencias -tú no tuviste un hermano menor y yo sufrí la ausencia de mi progenitora- que estábamos llenos de costumbres y nos dábamos licencias de acuerdo a las circunstancias. Me perdonaste un engaño, o quizá dos… pero no era nada comparado a lo de tu pendejada, oh… disculpa otra vez, a veces los términos fluyen sin pedir permiso. Recuerdo cuando me tirabas codazos en las costillas al escuchar groserías de mi boca. Vaya… e preguntarás por qué te escribo ahora, ahora que ha pasado casi un año de aquel fatídico suceso, en unos días cumpliríamos 4 años, en fin, espero que hayas comprendido el por qué de mi ausencia, por qué me fui de viaje, por qué estoy aquí escuchando tu disco de Paulinho Moska y cantando en portugués “A flor o Espinho” …. deseo devolvértelo, es lo único que aun conservo de ti, eso y el anillo de compromiso que nunca te llegue a dar. Respóndeme el mail… este sábado estoy libre, ven sola por favor, lo último que espero es verte de la mano con tu novia, el sábado en el Starbucks del jockey plaza, en el mueblecito de siempre. Allí estaré. No olvides responderme. A las 7 pm estaría bien…

Bye Bye.