.:El lápiz de mi inconformidad:.

Él nació en primavera, cuando la naturaleza se regocija de si misma, cuando música eterna en acordes de aves juguetonas eleva al más pesimista espíritu, todo y para todos. Un solo indisoluble, una misma conexión, una sola vida, y él se enamoró.
Creció coleccionando estampillas de promesas de amor.
Llenó el álbum de su esperanza.
Vivió en futuro soñado, y cobijó en sus manitas el sueño delicado de una vida condenada a esa naturaleza.
Conoció el mundo. Lo que algún día confesó a las estrellas, aquel secreto que desde su balcón confió a la inmensidad que lo escuchaba, mientras sonreía despreocupado cuando la noche contemplaba el sueño del sueño de sus sueños... fué una tierna cadena de una dulce pero delicada esperanza que se quebró.
Como si la mañana llorara el amanecer. Como si la mañana se resignara a despertarlo. Y llore al verle llorar, y se queje al verle quejarse, porque nadie es culpable… siendo culpable todos. Y así fue.
“Debes seguir tu rumbo” pequeño…"no puedo controlar al tiempo"
Hondo fue el grito, profundo su dolor, intensa su decepción, que maldijo al tiempo, maldijo al alma que lo había amamantado de aquella energía que le producía el soñar.
Qué tan feliz solía ser...!
Pero él no iba contra sí mismo, el mundo no lo iba a cambiar. No lucharía contra su naturaleza, pues sería una batalla que desde ya se sabía perdedor. “El dolor es de humanos” se dijo. Y humano se supo entonces. Reclamó un amor ya perdido, más cuando supo que jamás sería suyo, se dedico ahora… a solo anhelar.

Entonces… escribe, su necesidad, pinta su mundo en el mundo, se es ajeno, se es intacto, se eleva una vez más como hace años, con el recuerdo de la música eterna de los acordes de aquellas aves juguetonas que más de una vez lloró. Y va… cual burbuja por el cielo, con el lápiz de su inconformidad, escribiendo en el papel de su melancolía, llorando entre tanto y tanto, riendo como loco desquiciado de sus historias…viviendo y no. Mientras la mañana lo desnuda de vez en cuando y le recuerda que alguna vez lloró con él y por él… cuando aún era niño, y su único pecado era el de soñar…
(Catarsis de un Cortavenas... o el niño que aún se niega a morir)
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