Camino lento por las calles del Centro de Lima, llueve delicadamente, las luces amarillas se desdibujan en la noche… la gente pasa a mi alrededor, tropiezan conmigo…se disculpan y siguen en su paso habitual. Algunos se detienen para ver los adoquines de la alameda y leer corazones enlazados… Es entonces en que me pregunto, ¿Cuál es mi problema? ¿Qué es lo que deambula dentro mío? ¿Son tantas lágrimas no derramadas en su momento? ¿Son tantas preguntas que todavía no tienen respuesta? Gritos ahogados…
O quizá…
Simplemente la agazapada figura de un niño que llora la ausencia de su padre, sentado al costado de su cama y abrazando sus rodillas… pensando que en algún momento tocará la puerta de la habitación y le dirá: Cholo… vamos a cenar.

Permanezco quieto… en esta calle, el cigarro se consumió sin darme yo cuenta, no tengo encendedor para prender otros…

Es en esta calle, ¿por qué una alameda tan bonita tiene que ser testigo de un vacío tan expuesto? Espero… y llueven mil preguntas, intento ordenar mis pensamientos... calmarme, busco una banca y espero, y encuentro… por qué es que encuentro estas cosas, me digo, al ver ese restaurante, el mismo, al que solía venir todos los domingos después de cerrar la tienda, mi papá, mi mamá, mis hermanos, mis sobrinos… todos en esa bendita manía de cenar los domingos en el barrio chino, veo el restaurante, y veo una mesa llena, veo a mi mamá apurar a que acabe de comer mi sobrina, a mi hermano abrir la gaseosa, me veo a mi riéndome de algún chiste malo que se me haya ocurrido, y veo a mi papá, al centro…risueño… comiendo sus langostinos de siempre

¿Recuerdas Ronal esos peces anaranjados detrás del vidrio? Recuerdas que te podías quedar largos minutos mirándola? Abre los ojos y mira… ya no hay peces… despierta, tu papá ya no está allí, tus sobrinos crecieron, tus hermanos están lejos, ¿Quién se llevó la pecera? ¿Quién determina que ya es tiempo de despedirse?
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El guardián del hielo
de José Watanabe
Y coincidimos en el terral
el heladero con su carretilla averiada
y yo
que corría tras los pájaros huidos del fuego
de la zafra.
También coincidió el sol.
En esa situación
cómo negarse a un favor llano:
el heladero me pidió cuidar su efímero hielo.
Oh cuidar lo fugaz bajo el sol...
El hielo empezó a derretirse
bajo mi sombra, tan desesperada
como inútil.
Diluyéndose
dibujaba seres esbeltos y primordiales
que sólo un instante tenían firmezade cristal de cuarzo
y enseguida eran formas puras
como de montaña o planeta
que se devasta.
No se puede amar lo que tan rápido fuga.
Ama rápido, me dijo el sol.Y así aprendí, en su ardiente y perverso reino,
a cumplir con la vida:
yo soy el guardián del hielo.


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Y entonces la idea de no perder a mas nadie, al menos no por mi culpa, amar rápido, decir las cosas que tengas que decir, hacer las cosas que tenga que hacer, el día se acaba, ama rápido le dijo el Sol a Watanabe cuando éste cuidaba el hielo, leo y releo ese poema, y ahora mas que nunca cobra un trascendente significado, “haz lo que tengas que hacer… si no es ahora, entonces cuando? Si no es aquí…. Entonces donde?

La gente sigue pasando, nadie me conoce, los miro y dentro de mí digo: Ey! Sabían que ayer tomé tanta cerveza que hice y dije estupideces? Que soy un imbécil que se ríe de la nada tratando de no darme tiempo para sentirme triste.. Que no quiero llegar a casa, una vez mas, negar esa realidad, y vestirme de falso orgullo y decirme una y otra vez que estoy bien, que lo he superado, ¿no me ven alegre acaso? No… pena por mi? Por qué me dan el pésame? Por qué me miran esperando que me ponga a llorar? No lo haré… no lo hice… vuelvo a preguntar en mi mente a la gente que pasa:
¿Sabían que me acabo de enterar que herí a personas que quiero sin motivo alguno? Que intento pelearme con el mundo, por sus normas, esa estúpido sistema de cosas? Será mejor huir.. darme media vuelta y escapar, tropezarme con todo el mundo y abandonar todo, huir…como un cobarde.

Pero no lo haré.

No puedo hacerlo sin antes asumir la consecuencia de mis actos, me digo. No puedo, no quiero perder a nadie por mi causa, al menos no de este modo, no así, puedo pedir perdón, aún hay voz, aún hay oídos, aún hay vida…

Asumo y sentencio esas palabras como esperanza en esta noche, la vida continúa, me levanto de la banca y busco un teléfono…

Ian… estoy al frente del Banco Financiero

Mientras espero que llegue veo la marca circular en mi dedo que deja la ausencia de un anillo… el anillo de papá que no está más… el anillo con el que se caso con mi madre… lo perdí, no voy a perdonarme esto… pienso. Pero llego a una conclusión: Si yo no me perdono, ¿cómo carajo voy a pretender que me perdonen a mí? Ya pasó… sería de necios no aceptar que estás enfrentando una dura batalla, quizá la mas cruel… y que no debes de esconderte, sino hacerle frente…

Llega Ian y la sinceridad aflora, continúo como una especie de catarsis, el orgullo está en el suelo como un papel arrugado.
Me siento mejor, liberado… siento que encontré una amistad sincera…

Pero sé que esto recién es el comiendo de toda una etapa, que debo de enfrentar…
Aun ha voz… aún hay oídos… esta calle esta muy bonita, y… aunque luzca ya un poco vacía por la hora… sé que mañana volverá a amanecer, aún hay oportunidades que encontrar, sé quién soy, no he perdido el rumbo todavía…. Me digo mientras voy dejando atrás esa calle, tan bonita, y
tan ambigua a la vez…
Me voy y en mi camino pienso esperar volver a visitarla, cuando esté mejor y quizá… volver a ver papeles arrugados en el piso, como señales de orgullos vencidos, y ver… que poco a poco, estoy avanzando… aún hay tiempo, que aún el sol no termina de derretir completamente el hielo….