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Quien escribe...

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Ronal Amaru Huallpa

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"No sé quién soy... pero me divierto averiguándolo" Solía decir... aunque no podría aplicarlo ahora. Videasta, Fotografo y Poeta
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Mar de Copas




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In:

.:Muki:.


Es,
Sólo una vocecita
Una manito temblorosa que eleve la piedra
Y halla tu cuerpo
Que niega saber lo que sabe
Que calla el universo que descubre

Son,
Unos pasitos
Que con habilidad nocturna se escabulle
De la bulla Del sol
Que entre la cálida espesura
Sueña/escucha fábulas
De antiguos duendes poetas
Que los apus le saben confiar

Es,
El grito mudo de medianoche
La mirada espantada y ojerosa
El miedo a su propia voz

El peso que sobresale de su raída chompa
La verdad sobresale de su diminuto cuerpo

Fue,
Quien lloró poesía
Y ató la garganta
Calló la mirada
Y descifró en el cielo andino:

La poesía sino se expulsa, mata.

.
.

In:

Saim Sece Diputse...

Un auricular que se deja caer
Un suspiro en tu nombre
Unas sábanas revueltas por tí
Una habitación
Una casa
Que se inunda
Que deja de ser cemento
Para estremecerse
Con tu voz
Y el hielo,
No es el único que empieza a derretirse...
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Todo está oscuro
Alguien me mira,
Lo sé
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No
No es tu corazón
es tu voz interna que golpea
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Temo a las sábanas
y todo lo que ellas
callan
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No me dejes partir
el viaje es pesado
y detesto llorar
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Odio ser práctico
pero...
date una ducha y vístete
(Eso yo no lo dije)
.
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No hay pesimismo hombre...!
Es sólo una manifestacion
de realidad
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Esos últimos versos que escribiste en mi cuaderno espìral, eso que rompí y quemé, eso que me dijiste que leyera, No... no es justo C.
No es justo escribir impunemente,
haberte ido y minar cada centímetro de tierra.
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Tengo dos opciones,
seguir escribiendo tonterias o
intentar una vez más dormir
.
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Qué lastima que no tenga opciones para evadir de tu presencia
Pd: Hoy no fue un buen día,
hoy la vida... me arde.

In:

Anhelo



y el revoltijo que tengo en mi cabeza empieza a fluir inconteniblemente: cuando la nada se ansía, se espera, y es anhelo... Anhelo. Anhelo poder no sentir, sólo unos segundos no sentir este frío en mis hombros y mis rodillas, no escuchar el sonido de este teclado ni el silbido de mi pecho. Expectorar de raíz esto que hace que me acueste y me cubra de sombras para escapar una vez más de ellas y prender esto y escribir y borrarlo, echarme de nuevo y volverme a sentar para luego solo decir: que no puedo decir nada. Quiza sea esto que ato en mi garganta, que me hace transpirar en esta noche, que es la tercera vez que me lavo las manos y me siento nuevamente sucio, y camine por estas esquinas saludando al techo, tomando el quinto sorbo de agua, brindando con el caño y el espejo que pinta mi cuarto de ese gris callado y gélido, que me diga nuevamente que necesito pintar las paredes y cambiar de lugar los muebles, que siento que alguien camina por aqui mientras ya de cansancio caiga entre sábanas y el tic tac del reloj solo sea el único indicio de vida aquí, mientras ya quiera tomar una pausa y ansiar, esperar... anhelar esa nada. Como los días en que la mañana me sorprenda vestido y en mi cama, con la computadora prendida, el teclado mojado y que no recuerde que he llorado. Quizá sea el parpadeo, esa tácita blancura de no mirar, de dejarse caer lentamente, entregado a la pausa, ser solo áura que trasciende y se eleva, que escape de estar cuatro paredes (y de las otras tambien) de olvidar la frialdad de este piso de mayolicas y el polvo que no quiero barrer, de odiar mis zapatos y detestar cuando algo tan simple no me resulta como manejar el Excel, de mañosearme como un chibolo y acusar y patalear, jalarme los cabellos y querer vomitar, descubrir mis pies y mis rodillas que siempre sienten frio y escribir huevada y media en este blog , que a nadie le importa lo que pueda o no decir, y comentar por comentar palabritas clichés... Ver esta impresora no uso porque se le acabó la tinta, y no sé cambiar los cartuchos, que me da verguenza decirlo pero lo digo porque ahora solo expectoro esto que confundo con felicidad, que tengo miedo a fallar, que lloro como un maricón y veo el rostro adusto de mi viejo, callado como siempre, como yo, pero hay pequeños momentos, como estos, donde los límites de la cordura son poco menos que polvo, ese polvo que no quiero limpiar, que invade mi impresora y estos zapatos (que detesto doblemente) que no me gusta la foto de mi DNI y que lo corté mientras cantaba una vieja canción de Cementerio Club y jale la palanca y en ella se vaya la foto y el alcohol, tus negativas y mis miedos, y arrepentirme por haber borrado esos escritos que me dolían tanto aquella vez que no sé cómo pude cruzar esa doble avenida y reconocer mi casa, no sé cómo abri mi puerta y subí las escaleras, sabe Dios cómo tiré mis zapatos y prendí la computadora jodidamente lenta y borrar eso que duele, y encontrarte con ese vacío que anhelo, anhelo, anhelo, y me adueño y enamoro de esa palabrita, o será tal vez que mi mundo sea de lo intangible... ¿Y la jodida soledad esa que me busca? que toca mi puerta mientras pavoroso yo ordene a la empleada -que no tengo- le diga que no estoy, que vuelva mañana.
De la levedad, y la deshonra, de lo apacible y lo revoltoso, de los libros y los poemas malditos, de esos textos que nunca leeré y las noticias que jamás sabré, de la caída de tus párpados, de la herida y la costra, lo viscozo que emana entre la hierba formando el lago en el que me bañaré para ser esto, esto que aún sigue oyendo el teclado y a su pecho, que aún puede peinarse, y aun puede soñar, que se permite amanecer otra vez y vestirse para ir a una aula y vagar con el pensamiento... correr entre la espesura de una mañana azul y venir aqui y tener esta mirada callada, arquear una ceja y sonreir de medio lado porque sé que todavía hay muchas muchas cosas que decir, aunque hoy, he dicho nada: mi nada.


In:

sai ret 'not

Escuchaba una vieja canción en la mañana, de esas que sin mediar protocolo te bombardean con recuerdos más que intolerables. Quizá tengo una especie de pavor al pasado, o dicho de mejor manera, al paso exageradamente rápido del tiempo. Imaginé por un momento estar en mi otra casa, que son las 7 de la mañana y que debo bañarme para ir al colegio. Me tomó algunos segundos situarme en el hoy, con 7 años más y en otra habitación. Me levanté con una sensación extraña, como si tan solo ayer habría tenido 15 años y que de un día para otro amanezco con 22, me reí aún más al recordar que todo eso se parecía al argumento de una mala película americana y decidí buscar el origen de dicha canción, pues sabía que mi mamá había felizmente abandonado la vieja costumbre de prender la radio a las 7 de la mañana a todo volumen (a manera e despertador masivo, obviamente)
Ubiqué mis ‘chanclas’ (leí que le llaman así a las sandalias) después de saludar a mi perro y sin poder evitar que este lama mis pies llegué a la ventana, al abrirlas advertí que la mañana no estaba tan fría como parecía y que hoy iba a solear, … justo como pensaba, la música no venía de mi casa, sino de la del vecino, algo raro pensé pues jamás en los 10 meses que ando viviendo aquí había descubierto dicha costumbre matutina. Terminó la canción noventera y cuando esperaba la voz del locutor de voz afeminada (no sé porqué casi todos los locutores practican esa voz) nacía otra canción del mismo cantante. Analicemos, me dije. Al costado solo vive don Pedro y su esposa, tienen un hijo, Alvino, que ya no vive con ellos. Qué raro.
Decidí salir a la calle, recordando cuando mi padre me mandaba a comprar El Comercio en las mañanas, la humedad en tus mejillas, la gente en los paraderos, presuroso ellos, los colegiales bien peinados, algunos niños de la mano de sus madres. Pasé por la puerta de don Pedro, su cochera estaba abierta, en ella había una camioneta 4x4. Un señor con bigotes y lentes negros descendía de ella, tenía la pinta de esos ‘machos mexicanos’, de aspecto tosco y facciones duras. Sentí que ese tipo me examinaba tras sus gafas negras, apuré el paso y ya en el puesto de periódicos me reí de mí, no tenía ni un centavo en el short. Al regresar a casa supuse que Don Pedro había alquilado su cochera a ese señor, imaginaba el oficio de ese ‘mexicano’ tal vez era farmacéutico (como el ex-inquilino de don Pedro) aunque más parecía mecánico, o quizás mariachi. Al pasar nuevamente por la puerta de la cochera la música de “Los Prisioneros” seguía a todo volumen, el ‘mexicano’ bajaba de su camioneta blanca algunas bolsas, una señora de cabello rojo más allá gritaba algún nombre. No hay duda que eran inquilinos, subí a mi habitación, cogí la billetera y fui otra vez al puesto de periódicos, mis papas aun dormían plácidamente. “Corazones rojos, Corazones fuertes, espaldas débiles de mujer…” y la voz de Navea típica y chilenísima, esta vez Pichirulo, mi perro, me acompañó a la compra, en el puesto de periódicos me encontré con un viejo amigo de la primaria, me hubiera lavado el rostro al salir, me dije, compré un queque para mi perro, pero ya no estaba, creí que se había regresado a casa, pasé otra vez por la cochera ojeando el periódico cuando noto los ladridos de Pichirulo, estaba dentro de la cochera, divisé sus patitas detrás de una cabellera castaña, se estaba dejando acariciar, lo llamé recriminándolo, No lo regañes, yo lo llamé, está bonito tu perro, me dijo mientras sonreía y seguía jugando con Pichirulo -que se dejaba rascar la panza placidamente- Gracias, respondí, y lo llamé nuevamente, la miré unos segundos, tiene bonita sonrisa, cabello castaño y ondulado, tenía sandalias como yo, lamenté otra vez no haberme lavado la cara.